TIEMPO DE CUARESMA

(Semana II)

 

 

 

DOMINGO II

SEMANA II DEL SALTERIO

 

 

 

Invitatorio (D. II)

 Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

 

Salmo 94

Invitación a la alabanza divina

 

Animaos los unos  a los otros, día tras día,

 mientras dure este «hoy» (Hb 3, 13)

 

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.

Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

   Se repite la antífona.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

   Se repite la antífona.

 

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

   Se repite la antífona.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

 

   Se repite la antífona.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me asqueó, y dije:

"Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso."»

 

   Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

 

 

 

LAUDES (D. II)

 

HIMNO

 

 

 

 

Éste es el día del Señor.

Éste es el tiempo de la misericordia.

 

Delante de tus ojos

ya no enrojeceremos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

 

En medio de las gentes,

nos guardas como un resto

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

 

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el desierto.

 

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor que es justo

revoca sus decretos:

La salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo.

 

 

SALMODIA

 

Antífona 1: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.

 

Salmo 117

Himno de acción de gracias después de la victoria

 

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros,

los arquitectos, y que se ha convertido

en piedra angular. (Hch 4,11)

 

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

 

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

 

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

 

Digan los fieles del Señor:

eterna es su misericordia.

 

En el peligro grité al Señor,

y me escuchó, poniéndome a salvo.

 

El Señor está conmigo: no temo;

¿qué podrá hacerme el hombre?

El Señor está conmigo y me auxilia,

veré la derrota de mis adversarios.

 

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los jefes.

 

Todos los pueblos me rodeaban,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban cerrando el cerco,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,

ardiendo como fuego en las zarzas,

en el nombre del Señor los rechacé.

 

Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;

el Señor es mi fuerza y mi energía,

él es mi salvación.

 

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos:

«La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es excelsa,

la diestra del Señor es poderosa.»

 

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor.

Me castigó, me castigó el Señor,

pero no me entregó a la muerte.

 

Abridme las puertas del triunfo,

y entraré para dar gracias al Señor.

 

—Ésta es la puerta del Señor:

los vencedores entrarán por ella.

 

—Te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

 

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

 

Éste es el día en que actuó el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

 

—Bendito el que viene en nombre del Señor,

os bendecimos desde la casa del Señor;

el Señor es Dios, él nos ilumina.

 

—Ordenad una procesión con ramos

hasta los ángulos del altar.

 

Tú eres mi Dios, te doy gracias;

Dios mío, yo te ensalzo.

 

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Antífona 1: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.

 

 

 

 

Antífona 2: Cantemos el himno de los tres jóvenes, que cantaban en el horno bendiciendo al Señor.

 

 

Cántico: Dn 3,52-57

Que la creación entera alabe al Señor

 

¡Bendito el Creador por siempre! (Rm 1,25)

 

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito tu nombre, santo y glorioso:

a él gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres sobre el trono de tu reino:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines

sondeas los abismos:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres en la bóveda del cielo;

a ti honor y alabanza por los siglos.

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Antífona 2: Cantemos el himno de los tres jóvenes, que cantaban en el horno bendiciendo al Señor.

 

 

 

Antífona 3: Alabad al Señor en su fuerte firmamento.

 

Salmo 150

Alabad al Señor

 

Salmodiad con el espíritu, salmodiad

con toda vuestra mente, es decir, glorificad

a Dios con el cuerpo y con el alma. (Hesiquio)

 

Alabad al Señor en su templo,

alabadlo en su fuerte firmamento.

 

Alabadlo por sus obras magníficas,

alabadlo por su inmensa grandeza.

 

Alabadlo tocando trompetas,

alabadlo con arpas y cítaras,

 

alabadlo con tambores y danzas,

alabadlo con trompas y flautas,

 

alabadlo con platillos sonoros,

alabadlo con platillos vibrantes.

 

Todo ser que alienta alabe al Señor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Antífona 3: Alabad al Señor en su fuerte firmamento.

 

 

 

 

LECTURA BREVE

 

Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis; pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza. (Cf. Ne 8,9a.10)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Cristo, Hijo de Dios vivo, * Ten piedad de nosotros.

R/. Cristo, Hijo de Dios vivo, * Ten piedad de nosotros.

 

V/. Tú que fuiste triturado por nuestros crímenes.

R/. Ten piedad de nosotros.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Cristo, Hijo de Dios vivo, * Ten piedad de nosotros.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: Por medio del Evangelio, nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Benedictus, ant.: Por medio del Evangelio, nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal.

 

 

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Dios, cuya bondad es infinita, y elevemos a él nuestra oración por medio de Jesucristo, que está siempre vivo para interceder a favor nuestro; digámosle:

 

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.

 

Dios de misericordia, haz que hoy nos entreguemos generosamente a las obras de amor al prójimo,

—para que tu misericordia, a través de nosotros, llegue a todos los hombres.

 

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.

 

Tú que  en el arca salvaste a Noé de las aguas del diluvio,

—salva por el agua del bautismo a los catecúmenos.

 

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.

 

Concédenos vivir no sólo de pan,

—sino de toda palabra que sale de tu boca.

 

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.

 

Haz que, con tu ayuda, venzamos toda disensión,

—y podamos gozarnos en el don de tu paz y de tu amor.

 

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.

 

 

 

 

 

***

 

 

 

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

Oración

Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro.

 —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.