TIEMPO ORDINARIO

 

 

SÁBADO

SEMANA I DEL SALTERIO

 

 

 

Invitatorio

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

 

Antífona: Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.

 

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

 

Salmo 23

Entrada solemne de Dios en su templo

 

Las puertas del cielo se abren ante Cristo

que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.

 

Se repite la antífona.

 

—¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

 

Se repite la antífona.

 

—El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

 

Se repite la antífona.

 

—Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

Se repite la antífona.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

 

Se repite la antífona.

 

—¿Quién es ese Rey de la gloria?

—El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra.

 

Se repite la antífona.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

 

Se repite la antífona.

 

—¿Quién es ese Rey de la gloria?

—El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria.

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el priºncipio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.

 

 

LAUDES (S. I)

 

HIMNO

 

 

Gracias, Señor, por la aurora;

gracias, por el nuevo día;

gracias, por la eucaristía;

gracias, por nuestra Señora.

Y gracias por cada hora

de nuestro andar peregrino.

Gracias, por el don divino

de tu paz y de tu amor,

la alegría y el dolor,

al compartir tu camino.

 

Gloria al Padre, gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA

 

Antífona 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

 

Salmo 118, 145-152

XIX (Coph)

 

Te invoco de todo corazón:

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

 

Mis ojos se adelantan a las vigilias,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

 

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el priºncipio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

 

 

 

Antífona 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

 

Cántico, Ex 15,1-4.8-13.17-18

Himno a Dios, después de la victoria del mar Rojo

 

Los que habían vencido a la fiera cantaban

el cántico de Moisés, el siervo de Dios. (Ap 15,2-3)

 

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

 

Él es mi Dios: yo lo alabaré;

el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero,

su nombre es «El Señor».

 

Los carros del Faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

 

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,

las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

 

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia,

empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

 

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,

se hundieron como plomo en las aguas formidables.

 

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tú, terrible entre los santos,

temible por tus proezas, autor de maravillas?

 

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;

guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

 

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el priºncipio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

 

 

 

Antífona 3: Alabad al Señor todas las naciones.+

 

 

Salmo 116

Invitación universal a la alabanza divina

 

Los gentiles alaban a Dios por su

misericordia (cf. Rm 15,9)

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

+ aclamadlo, todos los pueblos.

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el priºncipio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 3: Alabad al Señor todas las naciones.

 

 

LECTURA BREVE

 

Hermanos, poned cada vez más ahínco en ir ratificando vuestro llamamiento y elección. Si lo hacéis así, no fallaréis nunca; y os abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  (2P 1,10-11)

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

R/. A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

 

V/. Y mi lote en el país de la vida.

R/. Tú eres mi refugio.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Benedictus, ant.: Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

 

PRECES

 

Bendigamos a Cristo, que, para ser ante Dios el sumo sacerdote compasivo y fiel, quiso parecerse en todo, menos en el pecado, a sus hermanos, y supliquémosle, diciendo:

 

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

 

Señor, Sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,

—te consagramos este nuevo día.

 

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

 

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada

—y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

 

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

 

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,

—encamina hoy nuestros pasos, para que obremos también, como ella, según tu voluntad.

 

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

 

Haz que, mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna

—y, por la fe, la esperanza y el amor, gustemos ya anticipadamente las delicias de tu reino.

 

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin.

 —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.