TIEMPO ORDINARIO

 

LUNES

SEMANA I DEL SALTERIO

 

Invitatorio

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

Salmo 99

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos

entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

 

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores.

 

Se repite la antífona.

 

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

Se repite la antífona.

 

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

dándole gracias y bendiciendo su nombre:

 

Se repite la antífona.

 

«El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.»

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona: Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

 

 

LAUDES (L. I)

 

HIMNO

 

 

Mis ojos, mis pobres ojos

que acaban de despertar

los hiciste para ver,

no sólo para llorar.

 

Haz que sepa adivinar

entre las sombras la luz,

que nunca me ciegue el mal

ni olvide que existes tú.

 

Que cuando llegue el dolor,

que yo sé que llegará,

no se me enturbie el amor,

ni se me nuble la paz.

 

Sostén ahora mi fe,

pues, cuando llegue a tu hogar,

con mis ojos te veré

y mi llanto cesará. Amén.

 

SALMODIA

 

 

Antífona 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

 

Salmo 5, 2-10.12-13

Oración de la mañana de un justo perseguido

 

Se alegrarán eternamente los que acogieron

al Verbo en su interior. El Verbo habita en ellos.

 

 

Señor, escucha mis palabras,

atiende a mis gemidos,

haz caso de mis gritos de auxilio,

Rey mío y Dios mío.

 

A ti te suplico, Señor;

por la mañana escucharás mi voz,

por la mañana te expongo mi causa,

y me quedo aguardando.

 

Tú no eres un Dios que ame la maldad,

ni el malvado es tu huésped,

ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

 

Detestas a los malhechores,

destruyes a los mentirosos;

al hombre sanguinario y traicionero

lo aborrece el Señor.

 

Pero yo, por tu gran bondad,

entraré en tu casa,

me postraré ante tu templo santo

con toda reverencia.

 

Señor, guíame con tu justicia,

porque tengo enemigos;

alláname tu camino.

 

En su boca no hay sinceridad,

su corazón es perverso;

su garganta es un sepulcro abierto,

mientras halagan con la lengua.

 

Que se alegren los que se acogen a ti,

con júbilo eterno;

protégelos, para que se llenen de gozo

los que aman tu nombre.

 

Porque tú, Señor, bendices al justo,

y como un escudo lo rodea tu favor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

 

 

Antífona 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

 

 

Cántico, 1Cro 29,10-13

Sólo a Dios honor y gloria

 

Bendito sea Dios, Padre de

nuestro Señor Jesucristo. (Ef 1,3)

 

Bendito eres, Señor,

Dios de nuestro padre Israel,

por los siglos de los siglos.

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

la gloria, el esplendor, la majestad,

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

eres rey y soberano de todo.

 

De ti viene la riqueza y la gloria,

eres Señor del universo,

en tu mano está el poder y la fuerza,

engrandeces y confortas a todos.

 

Por eso, Dios nuestro,

nosotros te damos gracias,

alabando tu nombre glorioso.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

 

 

 

Antífona 2: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

 

 

Salmo 28

Manifestación de Dios en la tempestad

 

Vino una voz del cielo que decía:

«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto»

(Mt 3,17)

 

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

 

La voz del Señor sobre las aguas,

el Dios de la gloria ha tronado,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

 

La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es magnífica,

la voz del Señor descuaja los cedros,

el Señor descuaja los cedros del Líbano.

 

Hace brincar al Líbano como a un novillo,

al Sarión como a una cría de búfalo.

 

La voz del Señor lanza llamas de fuego,

la voz del Señor sacude el desierto,

el Señor sacude el desierto de Cadés.

 

La voz del Señor retuerce los robles,

el Señor descorteza las selvas.

En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»

 

El Señor se sienta por encima del aguacero,

el Señor se sienta como rey eterno.

El Señor da fuerza a su pueblo,

el Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

 

 

 

LECTURA BREVE

 

El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a ésos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan. Por vuestra parte, hermanos, no os canséis de hacer el bien. (2Ts 3,10b-13)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Bendito sea el Señor Ahora y por siempre.

R/. Bendito sea el Señor Ahora y por siempre.

 

V/. El único que hace maravillas.

R/. Ahora y por siempre.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Bendito sea el Señor Ahora y por siempre.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Benedictus, ant.: Bendito sea el Señor, Dios nuestro.

 

 

PRECES

 

Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia y del Espíritu Santo, y acudamos a él, diciendo:

 

Concédenos, Señor, tu Espíritu.

 

Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de inocencia,

—para que, llegados a la noche, con gozo y limpios de pecado, podamos alabarte nuevamente.

 

Concédenos, Señor, tu Espíritu.

 

Que baje hoy a nosotros tu bondad

—y haga prósperas las obras de nuestras manos.

 

Concédenos, Señor, tu Espíritu.

 

Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz,

—para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.

 

Concédenos, Señor, tu Espíritu.

 

Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras oraciones

—y enriquécelos con toda clase de bienes del cuerpo y del alma.

 

Concédenos, Señor, tu Espíritu.

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:

 

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

Oración

Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin.

 —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.