TIEMPO ORDINARIO

 

 

SÁBADO

SEMANA IV DEL SALTERIO

 

 

 

Invitatorio

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: Escuchemos la voz del Señor, para que entremos en su descanso.

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

 

Salmo 23

Entrada solemne de Dios en su templo

 

Las puertas del cielo se abren ante Cristo

que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.

 

Se repite la antífona.

 

—¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

 

Se repite la antífona.

 

—El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

 

Se repite la antífona.

 

—Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

Se repite la antífona.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

 

Se repite la antífona.

 

—¿Quién es ese Rey de la gloria?

—El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra.

 

Se repite la antífona.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

 

Se repite la antífona.

 

—¿Quién es ese Rey de la gloria?

—El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria.

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Escuchemos la voz del Señor, para que entremos en su descanso.

 

 

LAUDES (S. IV)

 

 

HIMNO

 

 

Bello es el rostro de la luz, abierto

sobre el silencio de la tierra; bello

hasta cansar mi corazón, Dios mío.

 

Un pájaro remueve la espesura

y luego, lento, en el azul se eleva,

y el canto le sostiene y pacifica.

 

Así mi voluntad, así mis ojos

se levantan a ti; dame temprano

la potestad de comprender el día.

 

Despiértame, Señor, cada mañana,

hasta que aprenda a amanecer, Dios mío,

en la gran luz de la misericordia. Amén.

 

 

 

 

SALMODIA

 

Antífona 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.

 

 

Salmo 91

Alabanza del Dios creador

 

Este salmo canta las maravillas

realizadas en Cristo. (S. Atanasio)

 

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes,

sobre arpegios de cítaras.

 

Tus acciones, Señor, son mi alegría,

y mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

El ignorante no los entiende

ni el necio se da cuenta.

 

Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores,

serán destruidos para siempre.

Tú, en cambio, Señor,

eres excelso por los siglos.

 

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,

los malhechores serán dispersados;

pero a mí me das la fuerza de un búfalo

y me unges con aceite nuevo.

Mis ojos despreciarán a mis enemigos,

mis oídos escucharán su derrota.

 

El justo crecerá como una palmera,

se alzará como un cedro del Líbano:

plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios;

 

en la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo,

que en mi Roca no existe la maldad.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.

 

 

 

 

Antífona 2: Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo.

 

 

 

Cántico, Ez 36,24-28

Dios renovará a su pueblo

 

Ellos serán su pueblo, y Dios estará

con ellos y será su Dios. (Ap 21,3)

 

Os recogeré de entre las naciones,

os reuniré de todos los países,

y os llevaré a vuestra tierra.

 

Derramaré sobre vosotros un agua pura

que os purificará:

de todas vuestras inmundicias e idolatrías

os he de purificar;

y os daré un corazón nuevo,

y os infundiré un espíritu nuevo;

arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,

y os daré un corazón de carne.

 

Os infundiré mi espíritu,

y haré que caminéis según mis preceptos,

y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

 

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo,

y yo seré vuestro Dios.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo.

 

 

 

 

Antífona 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado tu alabanza.

 

 

 

 

Salmo 8

Majestad del Señor y dignidad del hombre

 

Todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la

Iglesia, como cabeza, sobre todo. (Ef 1,22)

 

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

 

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.

 

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,

la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,

el ser humano, para darle poder?

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies:

 

rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,

las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por el mar.

 

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado tu alabanza.

 

 

 

 

LECTURA BREVE

 

Nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación. (2P 3,13-15a)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Te aclamarán * Mis labios, Señor.

R/. Te aclamarán * Mis labios, Señor.

 

V/. Mi lengua recitará tu auxilio.

R/. Mis labios, Señor.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Te aclamarán * Mis labios, Señor.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Benedictus, ant.: Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

 

 

 

 

PRECES

 

Adoremos a Dios, que por su Hijo ha dado vida y esperanza al mundo, y supliquémosle, diciendo:

 

Escúchanos, Señor.

 

Señor, Padre de todos, que nos has hecho llegar al comienzo de este día,

—haz que toda nuestra vida, unida a la de Cristo, sea alabanza de tu gloria.

 

Escúchanos, Señor.

 

Que vivamos siempre arraigados en la fe, esperanza y caridad

—que tú mismo has infundido en nuestras almas.

 

Escúchanos, Señor.

 

Haz que nuestros ojos estén siempre levantados hacia ti,

—para que respondamos con presteza a tus llamadas.

 

Escúchanos, Señor.

 

Defiéndenos de los engaños y seducciones del mal,

—y preserva nuestros pasos de todo pecado.

 

Escúchanos, Señor.

 

 

 

 

***

 

 

Contentos por sabernos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

 

Oración

 

Dios omnipotente y eterno, luz resplandeciente y día sin ocaso, al volver a comenzar un nuevo día, te pedimos que nos visites con el esplendor de tu luz y disipes así las tinieblas de nuestros pecados.

—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.