TIEMPO ORDINARIO
MIÉRCOLES
SEMANA IV DEL
SALTERIO
Vísperas (Mi. IV)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Todo en estado de oración parece.
La santidad, que empapa todo el aire,
rebosa de los cielos como de ánfora,
y se filtra en las venas del deseo.
Todo sube en afán contemplativo,
como a través de transparencia angélica,
y lo más puro que hay en mí despierta,
sorbido por vorágine de altura.
Tiene alas la tarde, unción y llama.
Todo yo en la plegaria he naufragado;
se levantan mis manos como lámparas;
por el silencio, el corazón respira.
Se ha encendido el crepúsculo en mi frente,
y la lumbre de Dios transe mi carne.
Gloria al Padre, y al Hijo. y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Dios está en todas partes y lo ve todo
¿Quién conoció
la mente del Señor?
¿Quién fue su
consejero? (Rm 11,34)
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te
encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me
encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Antífona 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo
las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
Salmo
138,13-18.23-24
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la
tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.
¡Qué incomparables encuentro tus
designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que
arena;
si los doy por terminados, aún me quedas
tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo
las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
Antífona 3: Por medio de él fueron creadas todas las
cosas, y todo se mantiene en él.
Cántico Col
1,12-20
Himno a Cristo, primogénito de toda
criatura
y primer resucitado de entre
los muertos
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las
tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo
querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene
en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la
Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera
toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos
los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Por medio de él fueron creadas todas las
cosas, y todo se mantiene en él.
LECTURA BREVE
En esto sabemos que conocemos a Cristo:
en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus
mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su
palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto
conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como
vivió él. (1Jn
2,3-6)
RESPONSORIO BREVE
V/. Guárdanos, Señor, * Como a las niñas de
tus ojos.
R/. Guárdanos, Señor, * Como a las niñas de
tus ojos.
V/. A la sombra de tus alas escóndenos.
R/. Como a las niñas de tus ojos.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Guárdanos, Señor, * Como a las niñas de
tus ojos.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.:
Haz, Señor, proezas con
tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.:
Haz, Señor, proezas con
tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.
PRECES
Aclamemos,
alegres, al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos,
y digámosle:
Alégrense todos los que esperan en ti,
Señor.
Acuérdate,
Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;
—haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.
Alégrense todos los que esperan en ti,
Señor.
Tú que
hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores de tus misterios,
—concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.
Alégrense todos los que esperan en ti,
Señor.
Haz que los
que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos
—sigan con fidelidad a tu Hijo.
Alégrense todos los que esperan en ti,
Señor.
Tú que, en
el principio, creaste hombre y mujer,
—guarda a
todas las familias unidas en el verdadero amor.
Alégrense todos los que esperan en ti,
Señor.
Tú que
enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
—concede a todos los difuntos el perdón
de sus faltas.
Alégrense todos los que esperan en ti,
Señor.
***
Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al
Padre nuestra oración:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Acuérdate, Señor, de tu misericordia y,
ya que a los hambrientos los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra
indigencia con la abundancia de tus riquezas.
—Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.