TIEMPO ORDINARIO

31 de Enero

 

SAN JUAN BOSCO, PRESBÍTERO

 

 

Memoria Obligatoria

 

Nació junto a Castelnuovo, en la diócesis de Turín, el año 1815. Su niñez fue dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes e instituyó Congregaciones destinadas a enseñarles diversos oficios y formarlos en la vida cristiana. Escribió también algunos opúsculos en defensa de la religión. Murió el año 1888.

 

 

 

Vísperas (Ma. IV)

 

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

 

HIMNO

 

Cantemos al Señor con alegría,

unidos a la voz del pastor santo;

demos gracias a Dios, que es luz y guía,

solícito pastor de su rebaño.

 

Es su voz y su amor el que nos llama

en la voz del pastor que él ha elegido,

es su amor infinito el que nos ama

en la entrega y amor de este otro cristo.

 

Conociendo en la fe su fiel presencia,

hambrientos de verdad y luz divina,

sigamos al pastor que es providencia

de pastos abundantes que son vida.

 

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,

manda siempre a tu mies trabajadores;

cada aurora, a la puerta del aprisco,

nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

 

 

 

 

SALMODIA

 

 

Antífona 1: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

 

 

Salmo 136,1-6

Junto a los canales de Babilonia

 

Este destierro y esclavitud material

hay que tomarlo como símbolo

de la esclavitud espiritual. (S. Hilario)

 

Junto a los canales de Babilonia

nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;

en los sauces de sus orillas

colgábamos nuestras cítaras.

 

Allí los que nos deportaron

nos invitaban a cantar;

nuestros opresores, a divertirlos:

«Cantadnos un cantar de Sión.»

 

¡Cómo cantar un cántico del Señor

en tierra extranjera!

Si me olvido de ti, Jerusalén,

que se me paralice la mano derecha;

 

que se me pegue la lengua al paladar

si no me acuerdo de ti,

si no pongo a Jerusalén

en la cumbre de mis alegrías.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

 

 

Antífona 2: Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

 

 

Salmo 137

Acción de gracias

 

Los reyes de la tierra llevarán a la

ciudad santa su esplendor. (cf. Ap 21,24)

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;

delante de los ángeles tañeré para ti,

me postraré hacia tu santuario,

daré gracias a tu nombre:

 

por tu misericordia y tu lealtad,

porque tu promesa supera a tu fama;

cuando te invoqué, me escuchaste,

acreciste el valor en mi alma.

 

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,

al escuchar el oráculo de tu boca;

canten los caminos del Señor,

porque la gloria del Señor es grande.

 

El Señor es sublime, se fija en el humilde,

y de lejos conoce al soberbio.

 

Cuando camino entre peligros,

me conservas la vida;

extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,

y tu derecha me salva.

 

El Señor completará sus favores conmigo:

Señor, tu misericordia es eterna,

no abandones la obra de tus manos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

 

 

 

Antífona 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

 

 

Cántico Ap 4,11;5,9.10.12

Himno de los redimidos

 

Eres digno, Señor, Dios nuestro,

de recibir la gloria, el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y con tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes,

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,

la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

 

 

 

 

 

LECTURA BREVE

 

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. (1P 5,1-4)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Éste es el que ama a sus hermanos, El que ora mucho por su pueblo.

R/. Éste es el que ama a sus hermanos, El que ora mucho por su pueblo.

 

V/. El que entregó su vida por sus hermanos.

R/. El que ora mucho por su pueblo.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Éste es el que ama a sus hermanos, El que ora mucho por su pueblo.

 

 

 

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Magníficat, ant.: Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.

 

 

       Magníficat, Lc 1, 46-55

   Alegría del alma en el Señor

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Magníficat, ant.: Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.

 

 

 

 

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente, diciendo:

 

Salva a tu pueblo, Señor.

 

Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,

—haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

 

Salva a tu pueblo, Señor.

 

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, como Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,

—santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

 

Salva a tu pueblo, Señor.

 

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,

—llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

 

Salva a tu pueblo, Señor.

 

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores,

—no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

 

Salva a tu pueblo, Señor.

 

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,

—salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

 

Salva a tu pueblo, Señor.

 

 

 

***

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad.

        —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.