TIEMPO ORDINARIO
LUNES
SEMANA IV DEL
SALTERIO
Vísperas
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Y dijo el Señor Dios en el principio:
«¡Que sea la luz!» Y fue la luz primera.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: «¡Que
exista el firmamento!»
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: «¡Que
existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!»
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: «¡Que
brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!»
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: «¡Que
el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas.»
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: «¡Que
bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!»
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y dijo Dios: «¡Hagamos
hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!»
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!
Y descansó el Señor el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya! Amén.
SALMODIA
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente.
Salmo 135,10-26
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.
A Sijón, rey de
los amorreos:
porque es eterna su misericordia.
Y a Hog, rey de
Basán:
porque es eterna su misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.
En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.
En nuestra humillación, se acordó de
nosotros:
porque es eterna su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente.
Antífona 3: Cuando llegó el momento culminante, Dios
recapituló todas las cosas en Cristo.
Cántico Ef
1,3-10
El
Dios salvador
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Cuando llegó el momento culminante, Dios
recapituló todas las cosas en Cristo.
LECTURA BREVE
Que el Señor os colme y os haga rebosar
de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os
fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva
acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante
Dios, nuestro Padre. (1Ts 3,12-13)
RESPONSORIO BREVE
V/. Suba mi oración Hasta ti, Señor.
R/. Suba mi oración Hasta ti, Señor.
V/. Como incienso en tu presencia.
R/. Hasta ti, Señor.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Suba mi oración Hasta ti, Señor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.:
Proclame siempre mi alma
tu grandeza, oh Dios mío.
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.:
Proclame siempre mi alma
tu grandeza, oh Dios mío.
PRECES
Llenos
de confianza en Jesús, que no abandona nunca a los que se acogen a él,
invoquémoslo, diciendo:
Escúchanos, Dios nuestro.
Señor
Jesucristo, tú que eres nuestra luz, ilumina a tu Iglesia,
—para que predique a los paganos el gran misterio que
veneramos, manifestado en la carne.
Escúchanos, Dios nuestro.
Guarda a los
sacerdotes y ministros de la Iglesia,
—y haz que, después de predicar a los otros, sean
hallados fieles, ellos también, en tu servicio.
Escúchanos, Dios nuestro.
Tú que, por
tu sangre, diste la paz al mundo.
—aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote
de la guerra.
Escúchanos, Dios nuestro.
Ayuda,
Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
—para que su
unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.
Escúchanos, Dios nuestro.
Concede, por
tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
—para que sean contados entre tus santos.
Escúchanos, Dios nuestro.
***
Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de
los hijos de Dios:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
La oración conclusiva va precedida de la invitación «Oremos».
Oración
Quédate
con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; sé nuestro compañero de camino,
levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza; así, nosotros,
junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la
fracción del pan.
—Tú que vives y reinas con
el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los
siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.