TIEMPO ORDINARIO
LUNES
SEMANA IV DEL
SALTERIO
Invitatorio
Introducción
a todo el conjunto de la oración cotidiana.
V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona: Aclamemos al Señor con cantos.
Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del
salmo.
Salmo 99
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos
entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Se repite la antífona.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Se repite la antífona.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Se repite la antífona.
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona: Aclamemos al
Señor con cantos.
LAUDES
(L. IV)
HIMNO
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.
Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.
Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.
Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Por la mañana sácianos de tu
misericordia, Señor.
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu
cólera,
y nuestros años se acabaron como un
suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos
afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras
manos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Por la mañana sácianos de tu
misericordia, Señor.
Antífona 2: Llegue hasta el confín de la tierra la
alabanza del Señor.
Cántico, Is 42,10-16
Cántico
nuevo al Dios vencedor y salvador
Cantan un cántico
nuevo delante
del trono de Dios. (Ap 14,3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el confín de la
tierra;
+ muja el mar y lo que contiene,
las costas y sus habitantes;
alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las costas.
El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.
«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba, aguantaba;
como parturienta, grito,
jadeo y resuello.
Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran;
ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Llegue hasta el confín de la tierra la
alabanza del Señor.
Antífona 3: Alabad el nombre del Señor, los que
estáis en la casa del Señor.
Salmo 134,1-12
Himno
a Dios, realizador de maravillas
Vosotros sois…
un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del
que os llamó a salir
de la tiniebla y a entrar en
su luz maravillosa. (1P 2,9)
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti,
Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de
los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Alabad el nombre del Señor, los que
estáis en la casa del Señor.
LECTURA BREVE
Recordad cómo fueron probados nuestros
padres para ver si verdaderamente servían a su Dios. Recordad cómo fue probado
Abrahán, nuestro padre; y, purificado por muchas tribulaciones, llegó a ser
amigo de Dios. Del mismo modo, Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a
Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos. (Jdt 8,21b-23)
RESPONSORIO BREVE
V/. Aclamad, justos, al Señor, Que
merece la alabanza de los buenos.
R/. Aclamad, justos, al Señor, Que
merece la alabanza de los buenos.
V/. Cantadle un cántico nuevo.
R/. Que merece la alabanza de los
buenos.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Aclamad, justos, al Señor, Que
merece la alabanza de los buenos.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Benedictus, ant.:
Bendito sea el Señor,
porque nos ha visitado y redimido.
Benedictus, Lc 1 68-79 , l
El Mesías y su precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Benedictus, ant.:
Bendito sea el Señor,
porque nos ha visitado y redimido.
PRECES
Ya
que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él,
diciendo:
Te alabamos, Señor, esperamos en ti.
Te damos
gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
—continúa mostrándote con nosotros rico en
misericordia.
Te alabamos, Señor, esperamos en ti.
Tú que, con
el Padre, sigues actuando siempre en el mundo,
—renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.
Te alabamos, Señor, esperamos en ti.
Abre
nuestros ojos y los de nuestros hermanos,
—para que podamos contemplar hoy tus maravillas.
Te alabamos, Señor, esperamos en ti.
Ya que nos
llamas hoy a tu servicio,
—haznos
buenos administradores de tu múltiple gracia a favor de nuestros hermanos.
Te alabamos, Señor, esperamos en ti.
***
Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
La oración conclusiva va precedida de la invitación «Oremos».
Oración
Oh
Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste
la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu luz, trabajemos sin
desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo.
—Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.