TIEMPO
ORDINARIO
Día 2 de Febrero
LA PRESENTACIÓN
DEL SEÑOR
Introducción a todo el conjunto de la
oración cotidiana.
V/.
Señor, ábreme los labios.
R/. Y
mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona: Mirad, entra en su templo santo el Señor,
soberano de todo; venid, adorémosle.
Se
enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si
el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.
Salmo 94
Invitación a la alabanza divina
Animaos
los unos a los otros, día tras día,
mientras dure este «hoy» (Hb 3, 13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la
Roca que nos salva;
entremos a
su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Se repite la antífona.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de
todos los dioses:
tiene en su mano las
simas de la tierra,
son suyas las
cumbres de los montes;
suyo es el mar,
porque él lo hizo,
la tierra firme
que modelaron sus manos.
Se repite la antífona.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al
Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su
pueblo,
el rebaño que él
guía.
Se repite la antífona.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá
en el desierto;
cuando vuestros padres
me pusieron a prueba
y me tentaron,
aunque habían visto mis obras.
Se repite la antífona.
Durante cuarenta años
aquella generación me
asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi
camino;
por eso he jurado
en mi cólera
que no entrarán en
mi descanso."»
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Antífona: Mirad, entra en su templo santo el Señor,
soberano de todo; venid, adorémosle.
LAUDES
HIMNO
Iglesia santa, esposa bella,
sal al encuentro del Señor,
adorna y limpia tu morada
y recibe a tu Salvador.
Abre tus brazos a María,
Virgen Madre del Redentor,
puerta del cielo siempre abierta
por la que vino al mundo Dios.
¿A quién sostienes en tus manos,
dinos, anciano Simeón,
por qué te sientes tan alegre?
«Porque ya he visto al Salvador.
Este Niño será bandera
y signo de contradicción,
con su muerte, traerá la vida,
por la cruz, la resurrección.»
Jesús, el hijo de María,
es el Hijo eterno de Dios,
la luz que alumbra a las naciones
los caminos de salvación.
La Virgen Madre ofrece al Niño
como una hostia para Dios;
la espada de la profecía
atraviesa su corazón.
Honor y gloria al Padre eterno,
al Hijo eterno que engendró,
y que, por obra del Espíritu,
de la Virgen Madre nació. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Simeón,
hombre justo y piadoso, aguardaba el consuelo de Israel, y el Espíritu Santo
moraba en él.
todo el que rechaza
las obras de las tinieblas.
Oh
Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu
gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda
mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En
el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Antífona 1: Simeón,
hombre justo y piadoso, aguardaba el consuelo de Israel, y el Espíritu Santo
moraba en él.
Antífona 2: Simeón
tomó al niño en brazos, dio gracias y bendijo a Dios.
Alabad al Señor,
sus siervos todos.
(Ap 19,5)
Criaturas
todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles
del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas
del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol
y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia
y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego
y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos
y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas
y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz
y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga
la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes
y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales,
bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor;
Cetáceos
y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras
y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos
de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes
del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas
y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías,
Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos
al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito
el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.
Antífona 2: Simeón
tomó al niño en brazos, dio gracias y bendijo a Dios.
Antífona 3: Luz para alumbrar a las naciones y gloria
de tu pueblo Israel.
Los hijos de la Iglesia,
nuevo pueblo de Dios,
se alegran por su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)
Cantad
al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad
su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que
los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar
la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Antífona 3: Luz para alumbrar a las naciones y gloria
de tu pueblo Israel.
LECTURA BREVE
Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino
ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis,
el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. (Ml 3,1)
RESPONSORIO BREVE
V/. Postraos ante el Señor * En el atrio
sagrado.
R/. Postraos ante el Señor * En el atrio sagrado.
V/. Aclamad la gloria y el poder del
Señor.
R/. En el atrio sagrado.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Postraos ante el Señor * En el atrio
sagrado.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Benedictus, ant.: Cuando entraban con el niño Jesús sus
padres, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios.
Benedictus, Lc 1, 68-79
El Mesías y
su precursor
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y
redimido a su pueblo,
suscitándonos
una fuerza de salvación
en la casa de
David, su siervo,
según lo había
predicho desde antiguo
por boca de sus
santos profetas.
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de
todos los que nos odian;
realizando la
misericordia
que tuvo con
nuestros padres,
recordando su
santa alianza
y el juramento
que juró a nuestro padre Abrahán.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados de
la mano de los enemigos,
le sirvamos con
santidad y justicia,
en su presencia,
todos nuestros días.
Y a
ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante
del Señor
a preparar sus
caminos,
anunciando a
su pueblo la salvación,
el perdón de sus
pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol
que nace de lo alto,
para iluminar a los
que viven en tinieblas
y en sombra de
muerte,
para guiar nuestros
pasos
por el camino de la
paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Benedictus, ant.: Cuando entraban con el niño Jesús sus padres,
Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios.
PRECES
Adoremos a nuestro
Salvador, que hoy fue presentado en el templo, y supliquémosle:
Que nuestros ojos, Señor, vean tu salvación.
Cristo Jesús, tú que, según mandaba la ley, quisiste
ser presentado al Padre en el templo,
—enséñanos a ofrecernos contigo en el sacrificio de tu
Iglesia.
Que nuestros ojos, Señor, vean tu salvación.
Consuelo de Israel, a cuyo encuentro salió el justo
Simeón en el templo,
—haz que también nosotros salgamos a tu encuentro en
la persona de nuestros hermanos.
Que nuestros ojos, Señor, vean tu salvación.
Esperado de las naciones, de quien la profetisa Ana
hablaba a todos los que aguardaban la liberación de Israel,
—enséñanos a hablar debidamente de ti a todos.
Que nuestros ojos, Señor, vean tu salvación.
Piedra angular del reino de Dios, que estás puesto
como una bandera discutida,
—haz que los hombres, por la fe y la caridad, se
levanten en ti.
Que nuestros ojos, Señor, vean tu salvación.
***
Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, te rogamos
humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad,
ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la
gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia.
—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.