TIEMPO ORDINARIO

 

 

DOMINGO IV

SEMANA IV DEL SALTERIO

 

 

I Vísperas (D. IV)

 

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

HIMNO

 

 

No sé de dónde brota la tristeza que tengo.

Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce,

sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo,

casi fuera de madre, derramado en el cauce.

 

Lo mejor de mi vida es dolor. Tú sabes

cómo soy; tú levantas esta carne que es mía;

tú, esta luz que sonrosa las alas de las aves;

tú, esta noble tristeza que llaman alegría.

 

Tú me diste la gracia para vivir contigo;

tú me diste las nubes como el amor humano;

y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo,

con la primera alondra que nació de tu mano.

 

Como el último rezo de un niño que se duerme

y, con la voz nublada de sueño y de pureza,

se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme

hacia ti, y en tus manos desmayar mi cabeza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA

 

 

Antífona 1: Desead la paz a Jerusalén.

 

Salmo 121

La ciudad santa de Jerusalén

 

Os habéis acercado al monte Sión,

ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo.

(Hb 12,22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

 

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

 

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia,

en el palacio de David.

 

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios.»

 

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo.»

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: Desead la paz a Jerusalén.

 

 

 

 

Antífona 2: Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

 

Salmo 129

Desde lo hondo a ti grito, Señor

 

Él salvará a su pueblo de los pecados.

(Mt 1,21)

Desde los hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

 

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto.

 

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela a la aurora.

 

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela a la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel

de todos sus delitos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

 

 

Antífona 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Cántico: Flp 2,6-11

Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios;

al contrario, se despojó de su rango

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,

y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

 

 

 

LECTURA BREVE

 

Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo. (2P 1,19-21)

 

 

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. De la salida del sol hasta su ocaso, *Alabado sea el nombre del Señor.

R/. De la salida del sol hasta su ocaso, *Alabado sea el nombre del Señor.

 

V/. Su gloria sobre los cielos.

R/. Alabado sea el nombre del Señor.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. De la salida del sol hasta su ocaso, *Alabado sea el nombre del Señor.

 

 

 

CÁNTICO EVÁNGELICO

 

Magníficat, ant.: Se quedaron asombrados de la doctrina de Jesús, porque enseñaba con autoridad.

 

Magníficat, Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Magníficat, ant.: Se quedaron asombrados de la doctrina de Jesús, porque enseñaba con autoridad.

 

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

 

Míranos y escúchanos, Señor.

 

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, que nos has librado de nuestros pecados por tu sangre,

—no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

 

Míranos y escúchanos, Señor.

 

Haz que aquellos a quienes elegiste como mensajeros de tu Evangelio

—sean siempre fieles y celosos administradores de los misterios del reino.

 

Míranos y escúchanos, Señor.

 

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones,

—para que atiendan con interés a los pobres y postergados.

 

Míranos y escúchanos, Señor.

 

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causas de raza, color, condición social, lengua o religión,

—y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

 

Míranos y escúchanos, Señor.

 

A los que han muerto en tu amor, dales también parte en tu felicidad,

—con María y con todos tus santos.

 

Míranos y escúchanos, Señor.

 

 

 

***

 

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

        Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres.

—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.