TIEMPO ORDINARIO

 

VIERNES

SEMANA III DEL SALTERIO

 

 

Invitatorio

 

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

 

 

 

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

 

Sabed que la salvación de Dios

se envía los gentiles. (Hch 28,28)

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe.

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

 

 

LAUDES (V. III)

 

 

HIMNO

 

La noche, el caos, el terror,

cuanto a las sombras pertenece

siente que el alba de oro crece

y anda ya próximo el Señor.

 

El sol, con lanza luminosa,

rompe la noche y abre el día;

bajo su alegre travesía,

vuelve el color a cada cosa.

 

El hombre estrena claridad

de corazón, cada mañana;

se hace la gracia más cercana

y es más sencilla la verdad.


 

¡Puro milagro de la aurora!

Tiempo de gozo y eficacia:

Dios con el hombre, todo gracia

bajo la luz madrugadora.

 

¡Oh la conciencia sin malicia!

¡La carne, al fin, gloriosa y fuerte!

Cristo de pie sobre la muerte,

y el sol gritando la noticia.

 

Guárdanos tú, Señor del alba,

puros, austeros, entregados;

hijos de luz resucitados

en la Palabra que nos salva.

 

Nuestros sentidos, nuestra vida,

cuanto oscurece la conciencia

vuelve a ser pura transparencia

bajo la luz recién nacida. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Antífona 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

 

 

 

Salmo 50

Misericordia, Dios mío

 

Renovaos en la mente y en el espíritu

y vestíos de la nueva condición humana.

 (Ef 4,23-24)

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre, oh Dios,

Dios, Salvador mío,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen:

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

 

 

 

 

Antífona 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

 

 

 

Cántico, Jr 14,17-21

Lamentación del pueblo en tiempo de hambre y guerra

 

Está cerca el reino de Dios: convertíos

y creed en el Evangelio. (Mc 1,15)

 

Mis ojos se deshacen en lágrimas,

día y noche no cesan:

por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,

una herida de fuertes dolores.

 

Salgo al campo: muertos a espada;

entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;

tanto el profeta como el sacerdote

vagan sin sentido por el país.

 

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?

¿Tiene asco tu garganta de Sión?

¿Por qué nos has herido sin remedio?

Se espera la paz y no hay bienestar,

al tiempo de la cura sucede la turbación.

 

Señor, reconocemos nuestra impiedad,

la culpa de nuestros padres,

porque pecamos contra ti.

 

No nos rechaces, por tu nombre,

no desprestigies tu trono glorioso;

recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

 

 

 

 

Antífona 3: El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

 

 

Salmo 99

Alegría de los que entran en el templo

 

El Señor manda que los redimidos

entonen un himno de victoria.

(San Atanasio)

 

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores.

 

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

dándole gracias y bendiciendo su nombre:

 

«El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 3: El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

 

 

LECTURA BREVE

 

Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2Co 12,9b-10)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. En la mañana * Hazme escuchar tu gracia.  

R/. En la mañana * Hazme escuchar tu gracia.

 

V/. Indícame el camino que he de seguir.  

R/. Hazme escuchar tu gracia.

 

V/. Gloria al Padre, Y AL Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. En la mañana * Hazme escuchar tu gracia.  

 

 

 

CÁNTICO EVAGÉLICO

 

Benedictus, ant.: El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

 

Benedictus, Lc 1, 68-79

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Benedictus, ant.: El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

 

 
 

PRECES

 

Elevemos los ojos a Cristo, que nació, murió y resucitó por su pueblo, diciendo confiados:

 

Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

 

Te bendecimos, Señor, a ti que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz

—y nos redimiste con tu preciosa sangre.

 

Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

 

Tú que prometiste a los que en ti creyeran un agua que salta hasta vida eterna,

—derrama tu Espíritu sobre todos los hombres.

 

Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

 

Tú que enviaste a los discípulos a predicar el Evangelio,

—ayúdalos, para que extiendan la victoria de la cruz.

 

Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

 

A los enfermos y a todos los que has asociado a los sufrimientos de tu pasión,

—concédeles fortaleza y paciencia.

 

Salva, Señor, a los que redimiste con tu sangre.

 

 

 

 

***

 

 

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

Oración

Ilumina, Señor, nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos, reconociéndote como nuestro guía y maestro.

        —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.