TIEMPO ORDINARIO
Día 23 de Enero
SAN ILDEFONSO,
OBISPO
Memoria obligatoria
[En América
Latina: Memoria libre]
Ildefonso, nacido en Toledo
de noble familia, sobre el año 606, profesó muy joven en el monasterio de Agalí, en las afueras de su ciudad natal, uno de los más
insignes de la España visigoda. En el año 657 sucedió a san Eugenio en la silla
metropolitana. Desarrolló una gran labor catequética
defendiendo la virginidad de María y exponiendo la verdadera doctrina sobre el
bautismo. Murió el 23 de enero del año 667. Su cuerpo fue trasladado a Zamora.
Vísperas (L. III)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.
Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Antífona 2: Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 123
Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Dijo el Señor a Pablo: «No temas…,
que yo estoy contigo». (Hch 18,9.10)
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
—que lo diga Israel—,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió, y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Antífona 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico Ef 1,3-10
El Dios salvador
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE
A los presbíteros en esa comunidad, yo,
presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la
gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que
tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como
Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas
sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando
aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. (1P 5,1-4)
RESPONSORIO BREVE
V/. Éste es el que ama a sus hermanos, El
que ora mucho por su pueblo.
R/. Éste es el que ama a sus hermanos, El
que ora mucho por su pueblo.
V/. El que entregó su vida por sus
hermanos.
R/. El que ora mucho por su pueblo.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Éste es el que ama a sus hermanos, El
que ora mucho por su pueblo.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.:
Éste es el criado fiel y
solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les
reparta la ración a sus horas.
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.:
Éste es el criado fiel y
solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les
reparta la ración a sus horas.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo,
constituido pontífice en favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y
supliquémosle humildemente, diciendo:
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has
hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
—haz que los cristianos se alegren siempre de ese
resplandor.
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, como
Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
—santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una
purificación continua.
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los
santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
—llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu
pueblo.
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos
pastores,
—no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos
por tu sangre esté alejado de ti.
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das
la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
—salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Salva a tu pueblo, Señor.
***
Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia,
invoquemos al Padre común:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios todopoderoso, que hiciste a san
Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María, concede a los que creemos
en este privilegio de la Madre de tu Hijo sentirnos amparados por su poderosa y
materna intercesión.
—Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.