TIEMPO ORDINARIO

 

 

DOMINGO III

SEMANA III DEL SALTERIO

 

 

 

Invitatorio

 

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.+

 

 Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.

Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

Salmo 94

Invitación a la alabanza divina

 

Animaos los unos  a los otros, día tras día,

 mientras dure este «hoy» (Hb 3, 13)

 

 

 

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

   Se repite la antífona.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

   Se repite la antífona.

 

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

   Se repite la antífona.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

 

   Se repite la antífona.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me asqueó, y dije:

"Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso."»

 

   Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.+

 

 

 

LAUDES (D. III)

 

HIMNO

 

 

 

Cristo,

alegría del mundo,

resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana

que anuncia tu esplendor al universo!

 

En el día primero,

tu resurrección alegraba

el corazón del Padre.

 

En el día primero,

vio que todas las cosas eran buenas

porque participaban de tu gloria.

 

La mañana celebra

tu resurrección y se alegra

con claridad de Pascua.

 

Se levanta la tierra

como un joven discípulo en tu busca,

sabiendo que el sepulcro está vacío.

 

En la clara mañana,

tu sagrada luz se difunde

como una gracia nueva.

 

Que nosotros vivamos

como hijos de luz y no pequemos

contra la claridad de tu presencia.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA

 

Antífona 1: El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.

 

Salmo 92

Gloria del Dios creador

 

Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,

alegrémonos y gocemos y démosle gracias

(Ap 19,6.7)

 

El Señor reina, vestido de majestad,

+ el Señor, vestido y ceñido de poder:

así está firme el orbe y no vacila.

 

Tu trono está firme desde siempre,

y tú eres eterno.

 

Levantan los ríos, Señor,

levantan los ríos su voz,

levantan los ríos su fragor;

 

pero más que la voz de aguas caudalosas,

más potente que el oleaje del mar,

más potente en el cielo es el Señor.

 

Tus mandatos son fieles y seguros;

la santidad es el adorno de tu casa,

Señor, por días sin término.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.

 

 

Antífona 2: Eres alabado, Señor, y ensalzado por los siglos. Aleluya.

 

Cántico: Dn 3,57-88.56

Toda la creación alabe al Señor

Alabad al Señor,

 sus siervos todos.

(Ap 19,5)

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

  

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor;

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.

 

 

Antífona 2: Eres alabado, Señor, y ensalzado por los siglos. Aleluya.

 

 

Antífona 3: Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.+

 

Salmo 148

Alabanza del Dios creador

 

Al que se sienta en el trono y al Cordero

la alabanza, el honor, la gloria y el poder

por los siglos de los siglos. (Ap 5,13)

 

Alabad al Señor en el cielo,

+ alabad al Señor en lo alto.

 

Alabadlo todos sus ángeles;

alabadlo, todos sus ejércitos.

 

Alabadlo, sol y luna;

alabadlo, estrellas lucientes;

 

Alabadlo, espacios celestes

y aguas que cuelgan en el cielo.

 

Alaben el nombre del Señor,

porque él lo mandó, y existieron.

 

Les dio consistencia perpetua

y una ley que no pasará.

 

Alabad al Señor en la tierra,

cetáceos y abismos del mar,

 

rayos, granizo, nieve y bruma,

viento huracanado que cumple sus órdenes,

 

montes y todas las sierras,

árboles frutales y cedros,

 

fieras y animales domésticos,

reptiles y pájaros que vuelan.

 

Reyes y pueblos del orbe,

príncipes y jefes del mundo,

 

los jóvenes y también las doncellas,

los viejos junto con los niños,

 

alaben el nombre del Señor,

el único nombre sublime.

 

Su majestad sobre el cielo y la tierra;

él acrece el vigor de su pueblo.

 

Alabanza de todos sus fieles,

de Israel, su pueblo escogido.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Antífona 3: Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.+

 

 

LECTURA BREVE

 

Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que yo soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.  (Ez 37,12b-14)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

R/. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

 

V/. Tú que estás sentado a la derecha del Padre,

R/. Ten piedad de nosotros.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

 

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: «Convertíos y creed en el Evangelio», dice el Señor.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Benedictus, ant.: «Convertíos y creed en el Evangelio», dice el Señor.

 

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Dios Padre, que, por mediación de su Hijo, envió el Espíritu Santo, para que con su luz santísima penetrara las almas de sus fieles, digámosle:

 

Ilumina, Señor, a tu pueblo.

 

Te bendecimos, Señor, a ti que eres nuestra luz,

—y te pedimos que este domingo que ahora comenzamos transcurra todo él consagrado a tu alabanza.

 

Ilumina, Señor, a tu pueblo.

 

Tú que por la resurrección de tu Hijo, quisiste iluminar el mundo,

—haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría pascual.

 

Ilumina, Señor, a tu pueblo.

 

Tú que, por el Espíritu de la verdad, adoctrinaste a los discípulos de tu Hijo,

—envía este mismo Espíritu a tu Iglesia, para que permanezca siempre fiel a ti.

 

Ilumina, Señor, a tu pueblo.

 

Tú que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que viven aún en las tinieblas

—y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a ti, único Dios verdadero.

 

Ilumina, Señor, a tu pueblo.

 

 

***

 

 

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por eso, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

        Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto.

—Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.