TIEMPO ORDINARIO
LUNES
SEMANA II DEL
SALTERIO
Vísperas (L. II)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Ahora que la noche es tan pura,
y que no hay nadie más que tú,
dime quién eres.
Dime quién eres y por qué me visitas,
por qué bajas a mí que estoy tan necesitado
y por qué te separas sin decirme tu
nombre.
Dime quién eres tú que andas sobre la
nieve;
tú que, al tocar las estrellas, las haces
palidecer de hermosura;
tú que mueves el mundo tan suavemente,
que parece que se me va a derramar el
corazón.
Dime quién eres; ilumina quién eres;
dime quién soy también, y por qué la tristeza
de ser hombre;
dímelo ahora que alzo hacia ti mi corazón,
tú que andas sobre la nieve.
Dímelo ahora que tiembla todo mi ser en
libertad,
ahora que brota mi vida y te llamo como nunca.
Sosténme entre tus manos, sosténme
en mi tristeza,
tú que andas sobre la nieve. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Eres el más bello de los hombres; en tus
labios se derrama la gracia.
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, oh
Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus
vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las
arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Antífona 1: Eres el más bello de los hombres; en tus
labios se derrama la gracia.
Antífona 2: ¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de
vírgenes,
la siguen sus compañeras:
la traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Antífona 2: ¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!
Antífona 3: Cuando llegó el momento culminante, Dios
recapituló todas las cosas en Cristo.
Cántico Ef
1,3-10
El
Dios salvador
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Antífona 3: Cuando llegó el momento culminante, Dios
recapituló todas las cosas en Cristo.
LECTURA BREVE
No cesamos de dar gracias a Dios, porque
al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra
de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece
operante en vosotros los creyentes. (1Ts 2,13)
RESPONSORIO BREVE
V/. Suba mi oración Hasta ti, Señor.
R/. Suba mi oración Hasta ti, Señor.
V/. Como incienso en tu presencia.
R/. Hasta ti, Señor.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Suba mi oración Hasta ti, Señor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.: Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.
Alegría del alma en
el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había
prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por
siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.: Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.
PRECES
Glorifiquemos
a Cristo, que ama a la Iglesia y le da alimento y calor, y digámosle
suplicantes:
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
Señor Jesús,
haz que todos los hombres se salven
—y lleguen al conocimiento de la verdad.
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
Guarda con
tu protección al papa (…) y a nuestro obispo (…),
—ayúdalos con el poder de tu brazo.
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
Ten
compasión de los que buscan trabajo,
—y haz que consigan un empleo digno y estable.
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
Sé, Señor,
refugio del oprimido
—y su ayuda
en los momentos de peligro.
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
Te pedimos
por el eterno descanso de los que durante su vida ejercieron el ministerio para
bien de tu Iglesia:
—que también te celebren eternamente en tu reino.
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
***
Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que has querido
asistirnos en el trabajo que nosotros, tus pobres siervos, hemos realizado hoy,
al llegar al término de este día, acoge nuestra ofrenda de la tarde, en la que
te damos gracias por todos los beneficios que de ti hemos recibido.
—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento
y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea,
se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y
en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo
mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.