TIEMPO ORDINARIO
LUNES
SEMANA II DEL
SALTERIO
Invitatorio
Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.
V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona: Aclamemos al Señor con cantos.
Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del
salmo.
Salmo 99
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos
entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Se repite la antífona.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Se repite la antífona.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Se repite la antífona.
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona: Aclamemos al Señor con cantos.
LAUDES (L. II)
HIMNO
Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.
Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.
Para que no me busque a mí cuando te
busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
a beber el
agua viva. (Ap 22,17)
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»
Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?”»
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.”»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Antífona 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu
compasión.
Cántico, Si 36,1-7.13-16
Súplica
en favor de la ciudad santa de Jerusalén
Ésta es la
vida eterna: que te conozcan a ti,
único Dios
verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
(Jn 17,3)
Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.
Como les mostraste tu santidad al
castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a
ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.
Renueva los prodigios, repite los
portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.
Ten compasión del pueblo que lleva tu
nombre,
de Israel a quien nombraste tu
primogénito;
ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.
Llena a Sión de tu majestad,
y al templo de tu gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu
compasión.
Antífona 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del
cielo.
Salmo 18 A (2-7)
Alabanza
al Dios creador del universo
Nos visitará
el sol que nace de lo alto,
para guiar
nuestros pasos por el camino de la paz.
(Lc 1,78.79)
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus
manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su
camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del
cielo.
LECTURA BREVE
Cuando encontraba palabras tuyas, las
devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu
nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos. (Jr 15,16)
RESPONSORIO BREVE
V/. Aclamad, justos, al Señor, *Que
merece la alabanza de los buenos.
R/. Aclamad, justos, al Señor, *Que
merece la alabanza de los buenos.
V/. Cantadle un cántico nuevo.
R/. Que merece la alabanza de los buenos.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Aclamad, justos, al Señor, *Que
merece la alabanza de los buenos.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Benedictus, ant.: Bendito sea el Señor, porque nos ha
visitado y redimido.
Benedictus, Lc 1 68-79 , l
El Mesías y su precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Benedictus, ant.: Bendito sea el Señor, porque nos ha
visitado y redimido.
PRECES
Nuestro
salvador ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, para que
ofrezcamos sacrificios que Dios acepta. Invoquémosle, pues, diciendo:
Consérvanos en tu servicio, Señor.
Señor Jesús,
sacerdote eterno, que has querido que tu pueblo participara de tu sacerdocio,
—haz que ofrezcamos siempre sacrificios espirituales,
agradables a Dios.
Consérvanos en tu servicio, Señor.
Danos,
Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu
—la comprensión, la servicialidad, la amabilidad.
Consérvanos en tu servicio, Señor.
Haz que
aprendamos a amarte y lleguemos a poseerte a ti, que eres el mismo amor,
—y que sepamos obrar siempre lo recto, para que
también nuestras acciones te glorifiquen.
Consérvanos en tu servicio, Señor.
Haz que
busquemos siempre el bien de nuestros hermanos
—y los
ayudemos a progresar en su salvación.
Consérvanos en tu servicio, Señor.
***
Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con
confianza:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Señor,
Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día, sálvanos
hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado, sino que nuestras
palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de tus mandatos.
—Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.