TIEMPO ORDINARIO
JUEVES
SEMANA II
Vísperas (J.
II)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.
Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.
Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.
No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Te hago luz de las naciones, para que
seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
Que en su presencia se inclinen sus
rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis
y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba
y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Te hago luz de las naciones, para que
seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Antífona 2: Socorrerá el Señor a los hijos del
pobre, rescatará sus vidas de la violencia.
Salmo 71,12-20
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
+ él se apiadará
del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.
Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del
campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los
pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de
la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Socorrerá el Señor a los hijos del
pobre, rescatará sus vidas de la violencia.
Antífona 3: Ahora se estableció la salud y el
reinado de nuestro Dios.
Cántico Ap 11, 17-18;12,10b-12a
El
juicio de Dios
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los
muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu
nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la
tierra.
Ahora se estableció la salud y el
poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre
del Cordero
y por la palabra del testimonio que
dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la
muerte.
Por esto, estad
alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Ahora se estableció la salud y el
reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE
Ahora que estáis purificados por vuestra
obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos,
amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis vuelto a nacer,
y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de
Dios viva y duradera. (1P 1,22-23)
RESPONSORIO BREVE
V/. El Señor es mi pastor, Nada me falta.
R/. El Señor es mi pastor, Nada me falta.
V/. En verdes praderas me hace
recostar.
R/. Nada me falta.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. El Señor es mi pastor, Nada me falta.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.: A los hambrientos de justicia, el Señor
los sacia y colma de bienes.
Alegría del alma en
el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había
prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por
siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.: A los hambrientos de justicia, el Señor
los sacia y colma de bienes.
PRECES
Elevemos
nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su
pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:
Bendice a tu pueblo, Señor.
Dios
todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa (...) y a nuestro obispo
(...),
—a los que tú mismo has elegido para guiar a la
Iglesia.
Bendice a tu pueblo, Señor.
Protege,
Señor, nuestros pueblos y ciudades
—y aleja de ellos todo mal.
Bendice a tu pueblo, Señor.
Multiplica,
como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
—siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y
obediencia.
Bendice a tu pueblo, Señor.
Conserva el
propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
—para que
sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.
Bendice a tu pueblo, Señor.
Haz que los
difuntos descansen en tu paz eterna
—y que se afiance nuestra unión con ellos por la
comunión de los santos.
Bendice a tu pueblo, Señor.
***
Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos
confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Al
ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que,
meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida
eterna.
—Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento
y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea,
se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y
en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo
mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.