TIEMPO
ORDINARIO
DOMINGO II
SEMANA II DEL
SALTERIO
I Vísperas (D. II)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
¡Luz que te entregas!,
¡Luz que te niegas!,
a tu busca va el pueblo de noche:
alumbra su senda.
Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.
Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.
Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.
Eres la Luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.
Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.
XIV (Nun)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.
Antífona 2: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Dios resucitó
a Jesús rompiendo
las ataduras
de la muerte. (Hch 2,24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en
ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis
manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi
copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la
corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Antífona 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y
en la tierra. Aleluya.
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre
cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la
muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios
Padre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y
en la tierra. Aleluya.
LECTURA BREVE
Os deseamos la gracia y la paz de Dios,
nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en
Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la
esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando
llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la
verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha
ocurrido entre vosotros. (Col 1,2b-6a)
RESPONSORIO BREVE
V/. De la salida del sol hasta su
ocaso, *Alabado sea el nombre del Señor.
R/. De la salida del sol hasta su
ocaso, *Alabado sea el nombre del Señor.
V/. Su gloria sobre los cielos.
R/. Alabado sea el nombre del Señor.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. De la salida del sol hasta su
ocaso, *Alabado sea el nombre del Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Magníficat, ant.: Fueron los discípulos, vieron donde vivía Jesús y se
quedaron con él aquel día.
Magníficat, Lc 1, 46-55
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.: Fueron los discípulos, vieron donde vivía Jesús y se
quedaron con él aquel día.
PRECES
Demos gracias al Señor,
que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad y, recordando su
amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo:
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Padre lleno de amor, te pedimos por el papa (…) y por
nuestro obispo (…);
—protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu
gracia.
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Que los enfermos vean en sus dolores una participación
de la pasión de tu Hijo,
—para que así tengan también parte en su consuelo.
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Mira con piedad a los que no tienen techo donde
cobijarse
—y haz que encuentren pronto el hogar que desean.
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
—para que a nadie falte el pan de cada día.
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
***
Movidos por el Espíritu
Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios todopoderoso, que gobiernas a un
tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo y haz que
los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz.
—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.