TIEMPO ORDINARIO
MARTES
SEMANA I DEL
SALTERIO
Invitatorio
Introducción
a todo el conjunto de la oración cotidiana.
V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona: Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Se enuncia la antífona, y la asamblea la
repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del
salmo.
Salmo 66
Que
todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios
se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos
bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Se repite la antífona.
Oh Dios, que te alaben los
pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Se repite la antífona.
Que canten de alegría las
naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
Se repite la antífona.
Oh Dios, que te alaben los
pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Se repite la antífona.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le
teman
hasta los confines del orbe.
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona: Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Laudes (Ma. I)
HIMNO
En
esta luz del nuevo día
que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.
Dichoso
yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.
Que
cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.
Que
ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: El hombre de manos
inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Salmo 23
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que, como hombre,
sube al cielo. (San Ireneo)
Del
Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién
puede estar en el recinto sacro?
—El
hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése
recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
—Éste
es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!,
alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El
Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!,
alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El
Señor, Dios de los ejércitos.
Él
es el Rey de la gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: El hombre de manos
inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Antífona 2: Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
Cántico, Tb 13,1-10a
Dios castiga y salva
Bendito sea
Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo,
que en su gran misericordia nos ha hecho
nacer de nuevo para
una esperanza viva. (1P 1,3)
Bendito
sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.
Dadle
gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad
allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos.
Él
nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados.
Si
volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.
Veréis
lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.
Yo
le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.
Convertíos,
pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
Ensalzaré
a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
Que
todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Ensalzad con vuestras
obras al Rey de los siglos.
Antífona 3: El Señor merece la
alabanza de los buenos.
Salmo 32
Himno al poder y a la providencia de Dios
Por medio de
la Palabra
se hizo todo. (Jn 1,3)
Aclamad,
justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad
gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
La
palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.
Tema
al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió.
El
Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa
la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El
Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.
No
vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.
Los
ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros
aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.
Que
tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: El Señor merece la
alabanza de los buenos.
LECTURA BREVE
Ya es hora de despertaros del sueño. La
noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las
tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno
día, con dignidad. (Rm 13,11b.12-13a)
RESPONSORIO BREVE
V/. Dios mío, peña mía, Refugio mío, Dios
mío.
R/. Dios mío, peña mía, Refugio mío, Dios
mío.
V/. Mi alcázar, mi libertador.
R/. Refugio mío, Dios mío.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. Dios mío, peña mía, Refugio mío, Dios
mío.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Benedictus, ant.:
El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca
de sus profetas.
Benedictus, Lc 1 68-79 , l
El Mesías y su precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Benedictus, ant.:
El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca
de sus profetas.
PRECES
Ya
que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por
ello a Jesús, el sumo sacerdote de la fe que profesamos, y supliquémosle,
diciendo:
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
Rey
todopoderoso, que por el bautismo has hecho de nosotros un sacerdocio real,
—haz que
nuestra vida sea un continuo sacrificio de alabanza.
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
Ayúdanos,
Señor, a guardar tus mandatos,
—para que,
por la fuerza del Espíritu Santo, nosotros permanezcamos en ti, y tú en
nosotros.
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
Danos tu
sabiduría eterna,
—para que
nos asista en nuestros trabajos.
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
Concédenos
ser la alegría de cuantos nos rodean
—y fuente de
esperanza para los decaídos.
Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.
***
Como
hijos que somos de Dios, dirijámonos a
nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Escucha,
Señor, nuestras súplicas matinales y, con la luz de tu misericordia, alumbra la
oscuridad de nuestro corazón: que los que hemos sido iluminados por tu claridad
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.