TIEMPO ORDINARIO
JUEVES
SEMANA I DEL
SALTERIO
Vísperas (J. I)
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.
Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo
halla.
Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.
Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos has dado. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me
sanaste; te daré gracias por siempre.
en peligro de muerte
Te ensalzaré, Señor, porque me has
librado
y no has dejado que mis enemigos se rían
de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la
fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.
A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de
fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me
sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 31
Acción
de gracias de un pecador perdonado
David llama
dichoso al hombre a quien Dios otorga
la
justificación prescindiendo de sus obras. (Rm 4,6)
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto
seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del
peligro,
me rodeas de cantos de liberación.
—Te instruiré y te enseñaré el camino que
has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y
mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y
brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.
Antífona 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le
apunta el delito.
Antífona 3: El Señor le dio el poder, el honor y el
reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18;12,10b-12a
El
juicio de Dios
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los
muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu
nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la
tierra.
Ahora se estableció la salud y el
poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día
y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre
del Cordero
y por la palabra del testimonio que
dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la
muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Antífona 3: El Señor le dio el poder, el honor y el
reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE
Alegraos de ello, aunque de momento
tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra
fe —de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego—
llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No
habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os
alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de
vuestra fe: vuestra propia salvación. (1P 1,6-9)
RESPONSORIO BREVE
V/. El Señor nos alimentó * Con flor de
harina.
R/. El Señor nos alimentó * Con flor de
harina.
V/. Nos sació con miel silvestre.
R/. Con flor de harina.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R/. El Señor nos alimentó * Con flor de
harina.
Magníficat, ant.: El Señor derriba del trono a los
poderosos y enaltece a los humildes.
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.: El Señor derriba del trono a los
poderosos y enaltece a los humildes.
PRECES
Invoquemos a
Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:
Mira a tus hijos, Señor.
Dios de
amor, que has hecho alianza con tu pueblo,
—haz que recordemos siempre tus maravillas.
Mira a tus hijos, Señor.
Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad
—y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu con
el vínculo de la paz.
Mira a tus hijos, Señor.
Haz que
siempre edifiquemos la ciudad terrena unidos a ti,
—no sea que en vano se cansen los que la construyen.
Mira a tus hijos, Señor.
Manda,
Señor, trabajadores a tu mies,
—para que tu
nombre sea conocido en el mundo.
Mira a tus hijos, Señor.
A nuestros
familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos
—y haz que
nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.
Mira a tus hijos, Señor.
Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos
atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Tú,
Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca
nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora empieza, nos veamos
exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra
vez en tu presencia, para darte gracias nuevamente.
—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor
esté con vosotros.
R/. Y con tu
espíritu.
V/. La paz de
Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros
pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo,
nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la
bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre
vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis ir
en paz.
R/. Demos gracias
a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la
recitación individual:
V/. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.