TIEMPO DE NAVIDAD
Día 6 de Enero
LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Solemnidad
Introducción a todo el conjunto de la
oración cotidiana.
V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona: A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final
del salmo.
Salmo 94
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día
tras día,
mientras dure este «hoy» (Hb 3, 13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Se repite la antífona.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las
cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme
que modelaron sus manos.
Se repite la antífona.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su
pueblo,
el rebaño que él
guía.
Se repite la antífona.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron,
aunque habían visto mis obras.
Se repite la antífona.
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce
mi camino;
por eso he jurado
en mi cólera
que no entrarán
en mi descanso."»
Se repite
la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Antífona: A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
LAUDES (Propio)
HIMNO
Reyes
que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el
sol está
no tienen luz las estrellas.
Mirando
sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el
sol está
no tienen luz las estrellas.
Aquí
parad, que aquí está
quien luz a
los cielos da:
Dios
es el puerto más cierto,
y si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.
No
busquéis la estrella ahora:
que su luz
ha oscurecido
este Sol
recién nacido
en esta Virgen Aurora.
Ya
no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el
sol está
no tienen luz las estrellas.
Aunque
eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca
llueve tanto
como cuando
el sol se enciende.
Aquellas
lágrimas bellas
la estrella oscurecen ya,
porque donde el
sol está
no tienen luz las estrellas.
Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Los magos, abriendo sus cofres, ofrecieron regalos al
Señor; oro, incienso y mirra. Aleluya.
todo el que rechaza
las obras de las tinieblas.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Antífona 1: Los magos, abriendo sus cofres, ofrecieron regalos al
Señor; oro, incienso y mirra. Aleluya.
Antífona 2: Mares y ríos, bendecid al Señor; manantiales, ensalzad con
himnos a nuestro Dios. Aleluya.
Alabad al Señor,
sus siervos todos.
(Ap 19,5)
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor;
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.
Antífona 2: Mares y ríos, bendecid al Señor; manantiales, ensalzad con
himnos a nuestro Dios. Aleluya.
Antífona 3: Llega tu luz, Jerusalén, y la gloria del Señor amanece
sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz. Aleluya.
Los hijos de la
Iglesia, nuevo pueblo de Dios,
se alegran por su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Antífona 3: Llega tu luz, Jerusalén, y la gloria del Señor amanece
sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz. Aleluya.
LECTURA BREVE
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del
mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria,
que dice a Sión: «Tu Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro,
porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela su pueblo, rescata a Jerusalén; el
Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los
confines de la tierra la victoria de nuestro Dios. (Is 52,7-10)
RESPONSORIO
BREVE
V/. Se
postrarán ante él Todos los reyes.
R/. Se
postrarán ante él Todos los reyes.
V/. Todos
los pueblos le servirán.
R/. Todos los
reyes.
V/. Gloria
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Se
postrarán ante él Todos los reyes.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Benedictus, ant.: Hoy la Iglesia se ha unido a su
celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los
magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el
agua convertida en vino. Aleluya.
Benedictus, Lc 1, 68-79
El
Mesías y su precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de
David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus
santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de
todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento
que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con
santidad y justicia,
en su presencia,
todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus
caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus
pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el
sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de
muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de
la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de
los siglos. Amén.
Benedictus, ant.: Hoy la Iglesia se ha unido a su
celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los
magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el
agua convertida en vino. Aleluya.
PRECES
Veneremos
a nuestro Salvador, adorado hoy por los magos, y aclamémosle con alegría,
diciendo:
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
Oh
Cristo, manifestado en la carne,
—santifícanos
por la palabra de Dios y la oración.
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
Oh
Cristo, justificado en el Espíritu,
—líbranos
de todo error.
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
Oh
Cristo, contemplado por los ángeles,
—danos
a gustar ya en la tierra de los bienes de tu reino.
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
Oh
Cristo, predicado a los paganos,
—ilumina
el corazón de todos los hombres con la luz de tu Espíritu.
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
Oh
Cristo, creído en el mundo,
—renueva
la fe de cuantos creen en ti.
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
Oh
Cristo, llevado a la gloria,
—enciende
en nosotros el deseo de tu reino.
Luz de luz, ilumina
nuestro día.
***
Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a
decir:
Padre nuestro, que
estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la
tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan
de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la
tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Señor, tú que en este
día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una
estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día,
cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria.
—Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El
Señor esté con vosotros.
R/. Y
con tu espíritu.
V/. La
paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros
pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo,
nuestro Señor.
R/.
Amén.
V/. Y
la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda
sobre vosotros.
R/.
Amén.
Si se despide a la asamblea, se añade:
V/. Podéis
ir en paz.
R/. Demos
gracias a Dios.
Si no es ministro ordenado y en la
recitación individual:
V/. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.