TIEMPO DE NAVIDAD

Día 7 de Enero

 

 

SÁBADO II

SEMANA II DEL SALTERIO

 

 

Invitatorio

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

 

Antífona: A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

 

Sabed que la salvación de Dios

se envía los gentiles. (Hch 28,28)

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe.

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona: A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

 

 

LAUDES (S. II)

 

 

HIMNO

 

 

Reyes que venís por ellas,

no busquéis estrellas ya,

porque donde el sol está

no tienen luz las estrellas.

 

Mirando sus luces bellas,

no sigáis la vuestra ya,

porque donde el sol está

no tienen luz las estrellas.

 

Aquí parad, que aquí está

quien luz a los cielos da:

Dios es el puerto más cierto,

y si habéis hallado puerto

no busquéis estrellas ya.

 

No busquéis la estrella ahora:

que su luz ha oscurecido

este Sol recién nacido

en esta Virgen Aurora.

 

Ya no hallaréis luz en ellas,

el Niño os alumbra ya,

porque donde el sol está

no tienen luz las estrellas.

 

Aunque eclipsarse pretende,

no reparéis en su llanto,

porque nunca llueve tanto

como cuando el sol se enciende.

 

Aquellas lágrimas bellas

la estrella oscurecen ya,

porque donde el sol está

no tienen luz las estrellas. Amén.

 

 

SALMODIA

 

 

Antífona 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

 

 

Salmo 91

Alabanza del Dios creador

 

Este salmo canta las maravillas

realizadas en Cristo. (S. Atanasio)

 

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes,

sobre arpegios de cítaras.

 

Tus acciones, Señor, son mi alegría,

y mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

El ignorante no los entiende

ni el necio se da cuenta.

 

Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores,

serán destruidos para siempre.

Tú, en cambio, Señor,

eres excelso por los siglos.

 

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,

los malhechores serán dispersados;

pero a mí me das la fuerza de un búfalo

y me unges con aceite nuevo.

Mis ojos despreciarán a mis enemigos,

mis oídos escucharán su derrota.

 

El justo crecerá como una palmera,

se alzará como un cedro del Líbano:

plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios;

 

en la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo,

que en mi Roca no existe la maldad.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

 

 

 

Antífona 2: Dad gloria a nuestro Dios.

 

 

Cántico, Dt 32,1-12

Beneficios de Dios para con su pueblo

 

¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos

como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas!

(Mt 23,37)

Escuchad, cielos, y hablaré;

oye, tierra, los dichos de mi boca;

descienda como lluvia mi doctrina,

destile como rocío mi palabra;

como llovizna sobre la hierba,

como orvallo sobre el césped.

 

Voy a proclamar el nombre del Señor:

dad gloria a nuestro Dios.

Él es la Roca, sus obras son perfectas,

sus caminos son justos,

es un Dios fiel, sin maldad;

es justo y recto.

 

Hijos degenerados, se portaron mal con él,

generación malvada y pervertida.

¿Así le pagas al Señor,

pueblo necio e insensato?

¿No es él tu padre y tu creador,

el que te hizo y te constituyó?

 

Acuérdate de los días remotos,

considera las edades pretéritas,

pregunta a tu padre, y te lo contará,

a tus ancianos, y te lo dirán:

 

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad

y distribuía a los hijos de Adán,

trazando las fronteras de las naciones,

según el número de los hijos de Dios,

la porción del Señor fue su pueblo,

Jacob fue el lote de su heredad.

 

Lo encontró en una tierra desierta,

en una soledad poblada de aullidos:

lo rodeó cuidando de él,

lo guardó como a las niñas de sus ojos.

 

Como el águila incita a su nidada,

revolando sobre los polluelos,

así extendió sus alas, los tomó

y los llevó sobre sus plumas.

 

El Señor solo los condujo,

no hubo dioses extraños con él.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Dad gloria a nuestro Dios.

 

 

 

Antífona 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

 

 

Salmo 8

Majestad del Señor y dignidad del hombre

 

Todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la

Iglesia, como cabeza, sobre todo. (Ef 1,22)

 

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

 

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.

 

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,

la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,

el ser humano, para darle poder?

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies:

 

rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,

las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por el mar.

 

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

 

 

 

LECTURA BREVE

 

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. (Is 9,5)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Se postrarán ante él * Todos los reyes.

R/. Se postrarán ante él * Todos los reyes.

 

V/. Todos los pueblos le servirán.

R/. Todos los reyes.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Se postrarán ante él * Todos los reyes.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: Desde oriente vinieron unos magos a Belén para adorar al Señor; y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, como a rey soberano; incienso, como a Dios verdadero; y mirra, para su sepultura. Aleluya.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Benedictus, ant.: Desde oriente vinieron unos magos a Belén para adorar al Señor; y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, como a rey soberano; incienso, como a Dios verdadero; y mirra, para su sepultura. Aleluya.

 

 

 

PRECES

 

Aclamemos a Cristo, Salvador enviado por Dios, a quien han contemplado los confines de la tierra, y digámosle:

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Redentor de todos los pueblos, que al venir al mundo destruiste el muro que separaba a Israel de las naciones paganas,

—haz que desaparezcan del mundo todas las discriminaciones que atentan contra la dignidad humana.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Tú que por tu encarnación y tu nacimiento quisiste habitar entre nosotros,

—enséñanos a descubrir tu presencia en la Iglesia y en todos los hombres.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Tú que nos has dado el pleno conocimiento de Dios, nuestro Padre,

—ayúdanos a vivir plenamente de tu palabra por nuestra fe y por nuestras obras.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Tú que eres el «Dios-con-nosotros» que has renovado maravillosamente la creación entera,

—haz que en nosotros todo se renueve también: el corazón, las palabras y las obras.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

 

 

 

***

 

 

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

Te pedimos, Señor, que tu divina luz ilumine nuestros corazones; con ella avanzaremos a través de las tinieblas del mundo, hasta llegar a la patria donde todo es eterna claridad.

—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.