TIEMPO DE NAVIDAD

Día 4 de Enero

 

 

MIÉRCOLES II

SEMANA II DEL SALTERIO

 

 

Vísperas (Mi. II)

 

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

 

De un Dios que se encarnó muestra el misterio

la luz de Navidad.

Comienza hoy, Jesús, tu nuevo imperio

de amor y de verdad.

 

El Padre eterno te engendró en su mente

desde la eternidad,

y antes que el mundo, ya eternamente,

fue tu natividad.

 

La plenitud del tiempo está cumplida;

rocío bienhechor

baja del cielo, trae nueva vida

al mundo pecador.

 

¡Oh santa noche! Hoy Cristo nacía

en mísero portal;

Hijo de Dios, recibe de María

la carne del mortal.

 

Señor Jesús, el hombre en este suelo

cantar quiere tu amor,

y, junto con los ángeles del cielo,

te ofrece su loor.

 

Este Jesús en brazos de María

es nuestra redención;

cielos y tierra con su abrazo unía

de paz y de perdón.

 

Tú eres el Rey de paz, de ti recibe

su luz el porvenir;

Ángel del gran Consejo, por ti vive

cuanto llega a existir.

 

A ti, Señor, y al Padre la alabanza,

y de ambos al Amor.

Contigo al mundo llega la esperanza;

a ti gloria y honor. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Antífona 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

 

Salmo 61

La paz en Dios

 

Que el Dios de la esperanza

colme vuestra fe de paz. (Rm 15,13)

 

Sólo en Dios descansa mi alma,

porque de él viene mi salvación;

sólo él es mi roca y mi salvación,

mi alcázar: no vacilaré.

 

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre

todos juntos, para derribarlo

como a una pared que cede

o a una tapia ruinosa?

 

Sólo piensan en derribarme de mi altura,

y se complacen en la mentira:

con la boca bendicen,

con el corazón maldicen.

 

Descansa sólo en Dios, alma mía,

porque él es mi esperanza;

sólo él es mi roca y mi salvación,

mi alcázar: no vacilaré.

 

De Dios viene mi salvación y mi gloria,

él es mi roca firme,

Dios es mi refugio.

 

Pueblo suyo, confiad en él,

desahogad ante él vuestro corazón,

que Dios es nuestro refugio.

 

Los hombres no son más que un soplo,

los nobles son apariencia;

todos juntos en la balanza subirían

más leves que un soplo.

 

No confiéis en la opresión,

no pongáis ilusiones en el robo;

y aunque crezcan vuestras riquezas,

no les deis el corazón.

 

Dios ha dicho una cosa,

y dos cosas que he escuchado:

 

«Que Dios tiene el poder

y el Señor tiene la gracia;

que tú pagas a cada uno

según sus obras.»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

 

 

Antífona 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

 

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

 

Sabed que la salvación de Dios

se envía a los gentiles. (Hch 28,28)

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

 

 

 

Antífona 3: Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

 

 

 

Cántico Col 1,12-20

Himno a Cristo, primogénito de toda criatura

y primer resucitado de entre los muertos

 

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

 

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

 

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda criatura;

porque por medio de él

fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

 

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

 

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:

los del cielo y los de la tierra,

haciendo la paz por la sangre de su cruz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 3: Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

 

 

LECTURA BREVE

 

Dios envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su carne condenó el pecado. Así, la justicia que proponía la ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu. (Rm 8,3-4)

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. La Palabra se hizo carne. * Aleluya, aleluya.

R/. La Palabra se hizo carne. * Aleluya, aleluya.

 

V/. Y acampó entre nosotros.

R/. Aleluya, aleluya.

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. La Palabra se hizo carne. * Aleluya, aleluya.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Magníficat, ant.: Yo procedo y vengo de Dios, no de mí mismo. Mi Padre es el que me ha enviado.

 

 

Magníficat, Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Magníficat, ant.: Yo procedo y vengo de Dios, no de mí mismo. Mi Padre es el que me ha enviado.

 

 

 

PRECES

 

Cristo vino a nosotros y se entregó por nosotros para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras. Invoquémosle con devoción ardiente:

 

Señor, ten piedad.

 

Por tu Iglesia santa:

—para que todos sus hijos renazcan a una nueva vida.

 

Señor, ten piedad.

 

Por los pobres, los cautivos y los exiliados:

—para que a través de nuestra caridad te encuentren a ti, Hijo de Dios hecho hombre.

 

Señor, ten piedad.

 

Para que nuestro gozo sea pleno,

—y nos maravillemos ante el don que el Padre nos ha dado en ti.

 

Señor, ten piedad.

 

Que tus fieles difuntos, iluminados por la luz de tu Natividad, contemplen tu rostro,

—y las tinieblas se disipen para ellos.

 

Señor, ten piedad.

 

 

***

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

        Dios todopoderoso, que tu Salvador, luz de redención que surge en el cielo, amanezca también en nuestros corazones y los renueve siempre.

—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.