TIEMPO DE NAVIDAD

Día 5 de Enero

 

 

JUEVES II

SEMANA II DEL SALTERIO

 

 

Invitatorio

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

 

Sabed que la salvación de Dios

se envía los gentiles. (Hch 28,28)

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe.

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Laudes (J. II)

 

HIMNO

 

 

Entonad los aires

con voz celestial:

«Dios niño ha nacido

pobre en un portal.»

 

Anúnciale el ángel

la nueva al pastor,

que niño ha nacido

nuestro Salvador.

 

Adoran pastores

en sombras al Sol,

que niño ha nacido,

de una Virgen, Dios.

 

Haciéndose hombre,

al hombre salvó.

Un niño ha nacido,

ha nacido Dios. Amén.

 

 

 

SALMODIA

 

 

Antífona 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

 

 

Salmo 79

Ven, Señor, a visitar tu viña

 

Ven, Señor Jesús. (Ap 22,20)

 

Pastor de Israel, escucha,

que guías a José como a un rebaño;

que te sientas sobre querubines, resplandece

ante Efraín, Benjamín y Manasés;

despierta tu poder y ven a salvarnos.

 

Oh Dios, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

 

Señor, Dios de los ejércitos,

¿hasta cuándo estarás airado

mientras tu pueblo te suplica?

 

Les diste a comer llanto,

a beber lágrimas a tragos;

nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,

nuestros enemigos se burlan de nosotros.

 

Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

 

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;

le preparaste el terreno, y echó raíces

hasta llenar el país;

 

su sombra cubría las montañas,

y sus pámpanos, los cedros altísimos;

extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río.

 

¿Por qué has derribado su cerca

para que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas?

 

Dios de los ejércitos, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña,

la cepa que tu diestra plantó,

y que tú hiciste vigorosa.

 

La han talado y le han prendido fuego;

con un bramido hazlos perecer.

Que tu mano proteja a tu escogido,

al hombre que tú fortaleciste.

No nos alejaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

 

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

 

 

Antífona 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

 

 

Cántico, Is 12,1-6

Acción de gracias del pueblo salvado

 

El que tenga sed, que venga a mí,

y que beba. (Jn 7,37)

 

Te doy gracias, Señor,

porque estabas airado contra mí,

pero ha cesado tu ira

y me has consolado.

 

Él es mi Dios y Salvador:

confiaré y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Y sacaréis aguas con gozo

de las fuentes de la salvación.

 

Aquel día diréis:

«Dad gracias al Señor,

invocad su nombre,

contad a los pueblos sus hazañas,

proclamad que su nombre es excelso.

 

Tañed para el Señor, que hizo proezas,

anunciadlas a toda la tierra;

gritad jubilosos, habitantes de Sión:

“Qué grande es en medio de ti

el Santo de Israel.”»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

 

 

Antífona 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza.+

 

 

Salmo 80

Solemne renovación de la alianza

 

Que ninguno de vosotros tenga

un corazón malo e incrédulo. (Hb 3,12)

 

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;

+ dad vítores al Dios de Jacob:

 

acompañad, tocad los panderos,

las cítaras templadas y las arpas;

tocad la trompeta por la luna nueva,

por la luna llena, que es nuestra fiesta.

 

Porque es una ley de Israel,

un precepto del Dios de Jacob,

una norma establecida para José

al salir de Egipto.

 

Oigo un lenguaje desconocido:

«Retiré sus hombros de la carga,

y sus manos dejaron la espuerta.

 

Clamaste en la aflicción, y te libré,

te respondí oculto entre los truenos,

te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

 

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;

¡ojalá me escuchases, Israel!

 

No tendrás un dios extraño,

no adorarás un dios extranjero;

yo soy el Señor, Dios tuyo,

que te saqué del país de Egipto;

abre la boca que te la llene.»

 

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,

Israel no quiso obedecer:

los entregué a su corazón obstinado,

para que anduviesen según sus antojos.

 

¡Ojalá me escuchase mi pueblo

y caminase Israel por mi camino!:

en un momento humillaría a sus enemigos

y volvería mi mano contra sus adversarios;

 

los que aborrecen al Señor te adularían,

y su suerte quedaría fijada;

te alimentaría con flor de harina,

te saciaría con miel silvestre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Antífona 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

 

 

 

 

LECTURA BREVE

 

La Sabiduría es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad. Siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo, y, entrando en las almas buenas de cada generación, va haciendo amigos de Dios y profetas. (Sb 7,26-27))

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. El Señor ha revelado, * Aleluya, aleluya.

R/. El Señor ha revelado, * Aleluya, aleluya.

 

V/. Su salvación.  

R/. Aleluya, aleluya. 

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. El Señor ha revelado, * Aleluya, aleluya.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

 

Benedictus, Lc 1 68-79 , l

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Benedictus, ant.: El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

 

 

PRECES

 

Alabemos a Cristo, que se ha hecho para nosotros sabiduría, justicia santificación, y redención, y supliquémosle confiados, diciendo:

 

Que tu nacimiento, Señor, nos salve.

 

Rey del universo, a quien los pastores encontraron envuelto en pañales,

—ayúdanos a imitar siempre tu pobreza y tu sencillez.

 

Que tu nacimiento, Señor, nos salve.

 

Señor del cielo, que desde tu solio real bajaste a lo más humilde de la tierra,

—enséñanos a honrar siempre a nuestros hermanos de condición más humilde.

 

Que tu nacimiento, Señor, nos salve.

 

Oh Cristo, luz eterna, que al asumir nuestra carne no fuiste contaminado por nuestro pecado,

—haz que tus fieles al usar de los bienes de este mundo, no se vean embrutecidos por ellos.

 

Que tu nacimiento, Señor, nos salve.

 

Esposo divino de la Iglesia, que eres para ella torre de fortaleza,

—haz que todos tus fieles perseveren unidos a ella y en ella encuentren la salvación.

 

Que tu nacimiento, Señor, nos salve.

 

 

 

***

 

 

 

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

Oración

Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención de los hombres con el nacimiento de tu Hijo, concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que, guiados por el mismo Jesucristo, podamos alcanzar los premios eternos que nos has prometido.

        —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.