TIEMPO DE NAVIDAD
LA SAGRADA
FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
DENTRO DE LA OCTAVA DE
NAVIDAD
Fiesta
Vísperas
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Sobre la noche reina
la luz de tu esplendor;
en medio del silencio,
el eco de tu voz.
Huyó de nuestra carne
la densa oscuridad;
florece la luz nueva
de tu inmortalidad.
Nos ha nacido un niño,
un hijo se nos dio;
hoy brilla la esperanza
de nuestra salvación. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.
¡Qué alegría cuando me
dijeron:
«Vamos
a la casa del Señor»!
Ya
están pisando nuestros pies
tus
umbrales, Jerusalén.
Jerusalén
está fundada
como ciudad
bien compacta.
Allá
suben las tribus,
las tribus
del Señor,
según la
costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales
de justicia,
en el palacio de David.
Desead
la paz a Jerusalén:
«Vivan
seguros los que te aman,
haya paz
dentro de tus muros,
seguridad en tus
palacios.»
Por
mis hermanos y compañeros,
voy a decir:
«La paz contigo.»
Por
la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.
Antífona 2: Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.
Salmo 129
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.
Antífona 3: En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.
Cántico (Col 1,12-20)
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de tu Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.
LECTURA
BREVE
Cristo, por su divino poder, nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los inapreciables y extraordinarios bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios. (Cf 2P 1,3-4)
RESPONSORIO
BREVE
V/.
La Palabra se
hizo carne. * Aleluya, aleluya.
R/.
La Palabra se
hizo carne. * Aleluya, aleluya.
V/. Y
acampó entre nosotros.
R/. Aleluya, aleluya.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo y
al Espíritu Santo.
R/.
La Palabra se
hizo carne. * Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.: Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque de ti ha nacido Cristo; oh María, salva a todos los que te enaltecen.
Alegría
del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del
Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi
salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas
las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes
por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de
bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo
había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia
por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.: Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque de ti ha nacido Cristo; oh María, salva a todos los que te enaltecen.
PRECES
Aclamemos a Cristo, el jefe salido de Belén, tierra de Judá, para ser el pastor del pueblo de Israel, y digámosle:
Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.
Cristo salvador, deseado de todos los pueblos, haz que tu Evangelio llegue a aquellos que aún no han oído la palabra de vida
—y atrae a ti a todos los hombres.
Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.
Cristo Señor, haz que tu Iglesia se dilate por el mundo y arraigue en los pueblos,
—para que en ella se congreguen los hombres de toda lengua y nación.
Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.
Rey de reyes, dirige la mente y la voluntad de los que gobiernan,
—para que procuren la justicia y trabajen por la libertad y la paz de las naciones.
Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.
Señor todopoderoso, que eres la fortaleza de los frágiles, ayuda a los que están tentados, levanta a los decaídos, protege a los que están en peligro,
—consuela a los que se sienten decepcionados o desesperados, robustece la confianza de los perseguidos.
Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.
Tú que eres el consuelo de los tristes, conforta a los agonizantes
—y llévalos a los goces de tu paraíso.
Que tu gracia, Señor, nos acompañe siempre.
***
Hermanos, sintiéndonos todos hijos de Dios, digamos a nuestro
Padre del cielo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios
todopoderoso, por este nuevo nacimiento de tu Hijo en nuestra carne, líbranos
del yugo con que nos domina la antigua servidumbre del pecado.
—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento
y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios
todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la
asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro
ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.