TIEMPO DE NAVIDAD

Día 27 de Diciembre

 

 

DÍA III

DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

 

***

SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA

 

 

Fiesta

Apóstol predilecto de Cristo y autor del cuarto evangelio.

 

 

 

Invitatorio

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.

 

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

 

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

 

Sabed que la salvación de Dios

se envía los gentiles. (Hch 28,28)

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

 

Se repite la antífona.

 

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Se repite la antífona.

 

La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe.

 

Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.

 

 

LAUDES

 

HIMNO

 

Tú que revelaste a Juan

tus misterios más secretos

y los altos vericuetos

que mis ojos no verán,

haz que yo logre entender

cuanto Juan nos ha contado.

Déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado.

 

Tú que en la cena le abriste

la puerta del corazón,

y en la transfiguración

junto a ti le condujiste,

permíteme penetrar

en tu misterio sagrado.

Déjame, Señor, posar

mi cabeza en tu costado.

 

Tú que en el monte Calvario

entre sus manos dejaste

el más santo relicario:

la carne donde habitaste;

tú que le dejaste ser

el hijo bienadoptado,

déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado.

 

Y tú, Juan, que a tanto amor

con amor correspondiste

y la vida entera diste

por tu Dios y tu Señor,

enséñame a caminar

por donde tú has caminado.

Enséñame a colocar

la cabeza en su costado. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Antífona. 1: Juan, apóstol y evangelista, fue elegido virgen por el Señor y preferido entre los demás apóstoles.

 

Salmo 62, 2-9

El alma sedienta de Dios

 

Madruga por Dios

todo el que rechaza

las obras de las tinieblas.

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona. 1: Juan, apóstol y evangelista, fue elegido virgen por el Señor y preferido entre los demás apóstoles.

 

Antífona. 2: Éste es Juan, a quien Cristo en la cruz encomendó su madre, la Virgen.

 

Cántico: Dn 3,57-88.56

Toda la creación alabe al Señor

 

Alabad al Señor,

 sus siervos todos.

(Ap 19,5)

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

  

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor;

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.

 

Antífona. 2: Éste es Juan, a quien Cristo en la cruz encomendó su madre, la Virgen.

 

Antífona. 3: Dijo el discípulo a quien Jesús amaba: «Es el Señor.» Aleluya.

 

Salmo 149

Alegría de los santos

 

Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios,

se alegran por su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona. 3: Dijo el discípulo a quien Jesús amaba: «Es el Señor.» Aleluya.

 

LECTURA BREVE

 

Pedro y Juan replicaron: «¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.» (Hch 4,19-20)

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. Los nombrarás príncipes Sobre toda la tierra.

R/. Los nombrarás príncipes Sobre toda la tierra.

 

V/. Harán memorable tu nombre, Señor.

R/. Sobre toda la tierra.

 

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Los nombrarás príncipes Sobre toda la tierra.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria. Aleluya.

 

Benedictus, Lc 1, 68-79

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Benedictus, ant.: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria. Aleluya.

 

PRECES

 

 

Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

 

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

Padre santo, que quisiste que tu Hijo, resucitado de entre los muertos, se manifestara en primer lugar a los apóstoles,

—haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

 

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,

—haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

 

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,

—danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.

 

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,

—haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

 

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

 

***

 

 

Fieles al Señor, y según nos ha enseñado, digamos a nuestro Padre:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

Oración

 

Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol san Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos, te rogamos, llegar a comprender y amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer.

        —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.