TIEMPO DE NAVIDAD

 30 DE DICIEMBRE

Si no cae ningún domingo dentro de la octava de Navidad,
se celebra hoy la fiesta de la Sagrada Familia, omitiendo las I Vísperas.
 

LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

 

 

DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

 

 

Fiesta 

 

 

Invitatorio

 

Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.

 

 

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

 

Antífona: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.

Si el rezo es individual, solo se dice la antífona al principio y final del salmo.

 

 

Salmo 94

Invitación a la alabanza divina

 

Animaos los unos  a los otros, día tras día,

 mientras dure este «hoy» (Hb 3, 13)

 

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

   Se repite la antífona.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

   Se repite la antífona.

 

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

   Se repite la antífona.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

 

   Se repite la antífona.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me asqueó, y dije:

"Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso."»

 

   Se repite la antífona.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

 

 

LAUDES

 

HIMNO

 

 

 

Decid a la noche clara

tome en sus manos el arpa,

y salmos de David cante,

cante con la Virgen santa.

 

Ángeles del cielo vienen,

de la luz son las bellas alas,

y un canto divino traen

para estas nupcias sagradas.

 

Y, al amanecer, las aves

y el alba que se levanta,

con silbos del universo

cantadle vuestra alabanza.

 

Del Padre eterno nacido,

nace en carne la Palabra,

con nosotros vida y muerte,

y una muerte ensangrentada.

 

Al Hijo de Dios cantemos,

¡ay, gracia desenfrenada!,

ni los cielos sospecharon

que el mismo Dios se encarnara.

 

¡Oh gracia para adorar,

que nunca cupo más alta!

Tú, para hacernos divinos,

humano a nosotros bajas.

 

Cantad, criaturas todas,

que todas estáis salvadas,

y con la boca quedaos

al Padre diciendo: «¡Gracias!» Amén.

 

 

SALMODIA

 

Antífona. 1: «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

 

Salmo 62, 2-9

El alma sedienta de Dios

 

Madruga por Dios

todo el que rechaza

las obras de las tinieblas.

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona. 1: «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

 

Antífona. 2: El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

Cántico: Dn 3,57-88.56

Toda la creación alabe al Señor

 

Alabad al Señor,

 sus siervos todos.

(Ap 19,5)

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

  

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor;

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre.

 

Antífona. 2: El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

 

Antífona. 3: Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

Salmo 149

Alegría de los santos

 

Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios,

se alegran por su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona. 3: Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

 

 

LECTURA BREVE

 

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. (Is 9,5)

 

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V/. El señor ha revelado, * Aleluya, aleluya.

R/. El señor ha revelado, * Aleluya, aleluya.

 

V/. Su salvación.

R/. Aleluya, aleluya.  

 

V/. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. El señor ha revelado, * Aleluya, aleluya.

 

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: Al nacer el Señor, los ángeles cantaban, diciendo: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.»

 

Benedictus, Lc 1, 68-79

El Mesías y su precursor

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Benedictus, ant.: Al nacer el Señor, los ángeles cantaban, diciendo: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.»

 

 

 

 

PRECES

 

Oremos a Cristo, el Señor, en quien el Padre ha querido recapitular todas las cosas, y digámosle:

 

Hijo amado de Dios, escucha nuestra oración.

 

Hijo de Dios, que en el principio estabas junto al Padre y, en el momento culminante de la historia, has querido nacer como hombre,

—haz que todos nos amemos como hermanos.

 

Hijo amado de Dios, escucha nuestra oración.

 

 

Tú que te has hecho pobre para que, con tu pobreza, nosotros nos hagamos ricos y te despojaste de tu rango para que, con tu humillación, nosotros resucitáramos y llegáramos a participar de tu gloria,

—haz que seamos anunciadores fieles de tu Evangelio.

 

Hijo amado de Dios, escucha nuestra oración.

 

Tú que nos has iluminado cuando vivíamos aún en tinieblas y en sombra de muerte,

—concédenos también la santidad, la justicia y la paz.

 

Hijo amado de Dios, escucha nuestra oración.

 

Otórganos un corazón recto y sincero que atienda siempre a tu palabra,

—y lleva a plenitud en nosotros y en todos los hombres tu plan de salvación.

 

Hijo amado de Dios, escucha nuestra oración.

 

 

 

 

 

***

 

 

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

Dios todopoderoso, por este nuevo nacimiento de tu Hijo en nuestra carne, líbranos del yugo con que nos domina la antigua servidumbre del pecado.  

        —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

R/. Amén.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Por ministro ordenado:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

 

V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

 

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

Si se despide a la asamblea, se añade:

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.