TIEMPO
DE NAVIDAD
DÍA 1 DE ENERO
Octava de Navidad
DOMINGO II
SOLEMNIDAD
DE SANTA MARÍA,
MADRE
DE DIOS
II Vísperas
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Señor
Jesús, el hombre en este suelo
cantar
quiere tu amor,
y, junto con los ángeles
del cielo,
te
ofrece su loor.
Este
Jesús en brazos de María
es
nuestra redención;
cielos y tierra
con su brazo unía
de
paz y de perdón.
Tú
eres el Rey de paz, de ti recibe
su
luz el porvenir;
Ángel
del gran Consejo, por ti vive
cuanto
llega a existir.
A
ti, Señor, y al Padre la alabanza,
y
de ambos el Amor.
Contigo
al mundo llega la esperanza;
a
ti gloria y honor. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: ¡Qué
admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma,
nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su
divinidad.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de
justicia,
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro
Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: ¡Qué
admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace
de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su
divinidad.
Antífona 2: Cuando
naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las Escrituras: descendiste
como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios
nuestro.
Salmo 126
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras
duermen!
La herencia que da el Señor son los
hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Cuando
naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las Escrituras: descendiste
como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios
nuestro.
Antífona 3: En la
zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad
admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.
Cántico Ef
1,3-10
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de
Cristo
con toda clase de bienes espirituales
y celestiales.
Él nos eligió en la persona de
Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona
de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con
nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: En la zarza
que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente
conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.
LECTURA BREVE
Cuando
se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la
ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser
hijos por adopción. (Ga 4,4-5)
RESPONSORIO
BREVE
V/. La Palabra se hizo
carne. Aleluya, aleluya.
R/. La Palabra se hizo
carne. Aleluya, aleluya.
V/. Y acampó entre
nosotros.
R/. Aleluya, aleluya.
V/. Gloria al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo.
R/. La Palabra se hizo
carne. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.: ¡Dichoso
el vientre que te llevó, oh Cristo, y dichosos los
pechos que te criaron, oh Señor y Salvador del mundo!
Aleluya.
Alegría
del alma en el Señor
Proclama mi alma la
grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en
Dios, mi salvador;
porque ha mirado la
humillación de su esclava.
Desde ahora me
felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega
a sus fieles
de generación en
generación.
Él hace proezas con su
brazo:
dispersa a los soberbios de
corazón,
derriba del trono a los
poderosos
y enaltece a los
humildes,
a los hambrientos los
colma de bienes
y a los ricos los
despide vacíos.
Auxilia a Israel, su
siervo,
acordándose de la misericordia
—como
lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su
descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los
siglos. Amén.
Magníficat, ant.: ¡Dichoso
el vientre que te llevó, oh Cristo, y dichosos los
pechos que te criaron, oh Señor y Salvador del mundo!
Aleluya.
PRECES
Bendigamos a Cristo,
el «Dios-con-nosotros», a quien María concibió y dio a luz, y supliquémosle,
diciendo:
Hijo de la Virgen María, escúchanos.
Tú que diste a María el gozo de la maternidad,
—concede a todos los padres y madres de familia poder
alegrarse en sus hijos.
Hijo de la Virgen María, escúchanos.
Rey pacífico, cuyo reino es justicia y paz,
—haz que busquemos siempre lo que lleva a la paz.
Hijo de la Virgen María, escúchanos.
Tú que viniste para hacer del género humano el pueblo de
Dios,
—haz que todas las naciones alcancen la concordia mutua y
vivan como una sola familia.
Hijo de la Virgen María, escúchanos.
Tú que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos
familiares,
—haz que las familias vean crecer su unidad.
Hijo de la Virgen María, escúchanos.
Tú que quisiste nacer en nuestro tiempo,
—concede a los difuntos nacer a tu eternidad.
Hijo de la Virgen María, escúchanos.
***
Hermanos, sintiéndonos todos hijos de Dios, digamos a nuestro
Padre del cielo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios y Señor nuestro, que por la
maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la
salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos
recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida.
—Él, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento
y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios
todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la
asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro
ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.