TIEMPO
DE NAVIDAD
DÍA 1 DE ENERO
Octava de Navidad
DOMINGO II
SOLEMNIDAD
DE SANTA MARÍA,
MADRE
DE DIOS
I Vísperas
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Señor Jesús, el hombre en este suelo
cantar quiere tu amor,
y, junto con los ángeles del cielo,
te ofrece su loor.
Este Jesús en brazos de María
es nuestra redención;
cielos y tierra con su brazo unía
de paz y de perdón.
Tú eres el Rey de paz, de ti recibe
su luz el porvenir;
Ángel del gran Consejo, por ti vive
cuanto llega a existir.
A ti, Señor, y al Padre la alabanza,
y de ambos el Amor.
Contigo al mundo llega la esperanza;
a ti gloria y honor. Amén.
SALMODIA
Antífona 1: ¡Qué
admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma,
nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su
divinidad.
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los
pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la
casa,
como madre feliz de hijos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 1: ¡Qué
admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma,
nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su
divinidad.
Antífona 2: Cuando
naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las Escrituras: descendiste
como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios
nuestro.
Salmo 147,12-20
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus
puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de
ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 2: Cuando
naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las Escrituras: descendiste
como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios
nuestro.
Antífona 3: En la
zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad
admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.
Cántico Ef
1,3-10
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de
Cristo
con toda clase de bienes espirituales
y celestiales.
Él nos eligió en la persona de
Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona
de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con
nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el
principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona 3: En la
zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad
admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.
LECTURA
BREVE
Cuando
se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la
ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser
hijos por adopción. (Ga 4,4-5)
RESPONSORIO
BREVE
V/. La Palabra se hizo
carne. Aleluya, aleluya.
R/. La Palabra se hizo
carne. Aleluya, aleluya.
V/. Y acampó entre
nosotros.
R/. Aleluya, aleluya.
V/. Gloria al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo.
R/. La Palabra se hizo
carne. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Magníficat, ant.: Por el gran amor que Dios nos tiene, nos ha mandado
a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado: nacido de una mujer, nacido
bajo la ley. Aleluya.
Alegría
del alma en el Señor
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
Él hace
proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a
Israel, su siervo,
acordándose
de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en
favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era
en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat, ant.: Por el gran
amor que Dios nos tiene, nos ha mandado a su propio Hijo en semejanza de carne
de pecado: nacido de una mujer, nacido bajo la ley. Aleluya.
PRECES
Bendito sea el Señor
Jesús, nuestra paz, que ha venido para hacer de dos pueblos uno solo.
Supliquémosle, diciendo:
Concede, Señor, tu paz a todos los hombres.
Tú que al nacer has revelado la bondad de Dios y su amor al
hombre,
—ayúdanos a vivir siempre en acción de gracias por todos
tus beneficios.
Concede, Señor, tu paz a todos los hombres.
Tú que hiciste a María, tu madre, llena de gracia,
—concede también la abundancia de tu gracia a todos los
hombres.
Concede, Señor, tu paz a todos los hombres.
Tú que viniste a anunciar la Buena Noticia de Dios al
mundo,
—multiplica los ministros y los oyentes de tu mensaje.
Concede, Señor, tu paz a todos los hombres.
Tú que has querido nacer de la Virgen María para ser
nuestro hermano,
—haz que todos los hombres sepamos amarnos como hermanos.
Concede, Señor, tu paz a todos los hombres.
Tú que apareciste en el mundo como el sol que nace de lo
alto,
—revela la claridad de tu presencia a los difuntos y haz
que puedan contemplarte cara a cara.
***
Hermanos, sintiéndonos todos hijos de Dios, digamos a nuestro
Padre del cielo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Dios y Señor nuestro, que por la
maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación,
concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu
Hijo Jesucristo, el autor de la vida.
—Él, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
CONCLUSIÓN
Por ministro ordenado:
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. La paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y
el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
V/. Y la bendición de Dios
todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R/. Amén.
Si se despide a la
asamblea, se añade:
V/. Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Si no es ministro
ordenado y en la recitación individual:
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.